El doble rasero animalista: Excalibur moviliza, el delfín no
La indignación selectiva no es un accidente del animalismo español: es su combustible. La gloria del perro Excalibur llenó calles y portadas; el hallazgo de una cría de delfín sin vida en el puerto de Ceuta, descubierta por un niño que jugaba en las inmediaciones, apenas reunió a un corrillo de veraneantes. Misma gloria animal. Dos reacciones que, a la hora de rentabilizarse políticamente, no valen lo mismo.
Qué se sabe de la cría de delfín aparecida en Ceuta
El cuerpo sin vida del cetáceo fue localizado en las inmediaciones del puerto ceutí. Fue un menor que jugaba cerca quien dio la voz de alarma y, a partir de ahí, numerosos veraneantes se acercaron a contemplar la escena hasta el punto de que tuvieron que intervenir los socorristas. En el caso del perro Excalibur, en cambio, la respuesta fue de movilización sostenida: concentraciones, pancartas y un pulso abierto con el bloque de la derecha.
El contraste se lee en clave de coste-beneficio. La indignación animalista funciona como herramienta de confrontación mientras haya un adversario claro al que señalar. Cuando el contrincante no está enfrente, o cuando el marco incomoda al propio bando, la causa pierde fuelle. La misma lógica que, según esta lectura, activó y desactivó el asunto del Toro de la Vega.
El negocio de la indignación selectiva
Hay quien sostiene que este patrón revela que la causa no protegía a los animales, sino que servía de ariete contra el rival político: músculo movilizador cuando el objetivo era la derecha, silencio cuando el foco apuntaba hacia otro lado. En contra pesa un argumento razonable: la gloria de un perro con dueño, nombre y relato propio es mucho más fácil de vender que la de un cetáceo varado del que nadie reclama propiedad. La empatía mediática no es igualitaria, es narrativa.
A eso se suma el factor económico. Las campañas por el bienestar animal mueven merchandising, donaciones y subvenciones, y ese flujo depende de mantener el tema caliente. Un animal sin carné ni escaparate no genera camiseta que imprimir.
Con este patrón sobre la mesa, es previsible que el próximo animal sacrificado vuelva a tener dueño, nombre y bandera. Aunque no siempre el que más titulares genera sea el que más lo necesitaba.