TVE y el 'Perro andaluz': la propaganda que avergüenza hasta a los suyos
La televisión pública, pagada por todos, se ha convertido en un altavoz de una línea editorial que ni siquiera disimula. El último ejemplo es 'Perro andaluz', un espacio que ha logrado lo que parecía imposible: que los propios críticos pidan que se baje el volumen. No es para menos: los mensajes políticos se repiten sin sutileza, y la sensación de estar ante un boletín oficial crece entre los espectadores.
¿Qué es 'Perro andaluz' y por qué indigna?
Se trata de un programa de TVE que, según las críticas, funciona como un altavoz propagandístico sin apenas disimulo. Los análisis señalan que su contenido es una mezcla de monólogos partidistas y entrevistas complacientes, donde la pluralidad brilla por su ausencia. La reacción no se ha hecho esperar: desde quien lo tilda de “grotesco” hasta quien pide que se deje de dar publicidad a un formato que genera rechazo incluso entre los que simpatizan con el gobierno.
La estrategia parece ser la de saturar: se amplían horarios, se crean nuevos canales o franjas para insertar más contenido afín. Como apunta un análisis, “a falta de poder añadir horas al día para propaganda, pues más televisiones”. La lógica es de ocupación total del espacio mediático.
Consecuencias de la maquinaria propagandística
La crispación no se limita al debate político. Hay quien advierte de que, si el modelo de reparto de recursos públicos se mantiene, el descontento puede escalar. “Cuando todo colapse y dejen de entrar las 14 pagas, esta gente va a montar la guerra civil”, se lee en las reacciones. Aunque la expresión es hiperbólica, refleja el hartazgo ante una televisión que muchos ven como un instrumento de partido.
Por otro lado, la falta de sutileza ha generado un efecto boomerang: el mismo público objetivo del programa lo rechaza por considerar que subestima su inteligencia. “Da vergüenza ajena”, resumen algunos. Y es que cuando la propaganda es tan evidente, pierde eficacia.
¿Hasta dónde puede llegar la maquinaria propagandística antes de que el espectador se canse? La tendencia apunta a que, al menos en las redes y foros, el hartazgo es ya mayoritario. Pero el control del medio público sigue siendo un objetivo demasiado goloso como para renunciar a él.