El negocio del fuego: 1.500 millones en subcontratas sospechosas
¿Sabía que cada verano España se gasta alrededor de 1.500 millones de euros en apagar incendios? La pregunta no es retórica, porque detrás del fuego hay un negocio opaco de subcontratas. Los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica apuntan a que más de la mitad de los incendios son intencionados, una cuarta parte se deben a negligencias (quemas agrícolas, maquinaria, líneas eléctricas) y solo un 4% son causados por rayos. O sea, el fuego lo pone casi siempre una persona.
El eslabón débil: los retenes forestales
La contratación de los retenes, esas brigadas privadas que apagan el fuego, es el centro de la polémica. Una corriente de análisis sostiene que el sistema de subcontratas –muchas veces adjudicado de forma opaca por ayuntamientos o comunidades– genera un perverso incentivo: como los trabajadores solo son llamados en temporada alta y cobran el paro el resto del año, existe la sospecha de que algunos prefieren que haya fuego para trabajar. Más grave aún es la acusación de que se provoquen incendios para luego obtener contratos de limpieza y tala, revendiendo madera. Son acusaciones sin prueba judicial, pero que resuenan en foros y debates.
Un negocio redondo (para unos pocos)
La cifra de 1.500 millones no es menor. Según el discutido argumento, parte de ese dinero acaba en empresas vinculadas a la extinción que, en invierno, presionan para que se considere el bosque “sucio” y se aprueben nuevos desembolsos en desbroces. El círculo se cierra: se limpia, se quema y se vuelve a contratar. El dato que falta es cuánto de esa factura se va realmente en apagar llamas y cuánto en alimentar el chiringuito.
Que el fuego no se enciende solo es un hecho. La pregunta es si, como sostienen algunos, se deja arder para que otros cobren.