Quequé fuera de la SER: ¿parodia de Nacho Abad o burla a las víctimas del tren?
¿Por qué han echado a Quequé de la SER? La respuesta, como suele pasar, no es única ni limpia. El humorista, conocido por su estilo ácido, dejó la cadena tras una parodia del periodista Nacho Abad. Pero el meollo no es la imitación –una calva postiza y gestos exagerados– sino el contexto: en el sketch aparecían buitres devorando cadáveres, una alusión al accidente de Rodalies en el que un maquinista quedó atrapado entre los hierros.
Parodia o insensibilidad: el núcleo del conflicto
Quienes defienden a Quequé sostienen que se trataba de una parodia al programa de Nacho Abad, al que acusan de amarillismo por emitir tres veces el vídeo del maquinista accidentado. «Él se burlaba de Abad, no de las víctimas», es el argumento central. Por contra, sus críticos señalan que la broma incluía imágenes de cadáveres devorados por buitres, lo que consideran de un «gusto refinadísimo» –irónico– y una falta de respeto a los fallecidos. Además, se ha rescatado un vídeo anterior de Quequé versionando una canción de La Oreja de Van Gogh sobre la tragedia, lo que agravó la percepción.
¿Echaron a Quequé o se fue él?
No hay consenso. Parte de la audiencia cree que la SER le pidió que se tomara unos días y él optó por irse; otros aseguran que fue una dimisión forzada por la presión en redes sociales. Lo único claro es que la cadena no emitió un comunicado oficial, lo que alimenta las teorías. Mientras, Nacho Abad sigue en antena sin que su programa –que sí mostró el vídeo del maquinista– haya sufrido consecuencias. La hipocresía del sector es el blanco favorito de los que ven censura selectiva.
El telón de fondo político
No falta quien enmarca el caso en la polarización española: Quequé, asociado a la izquierda, sería víctima de una purga en la SER para desmarcarse del sanchismo y atraer a una audiencia más moderada. La lectura es que cada vez que abre la boca, da votos a la extrema derecha. Ironías del humor: el intento de ser políticamente incorrecto acaba devorado por la corrección política del negocio.
Así que el final de Quequé en la SER no es una cuestión de gustos: es una guerra de audiencias vestida de sensibilidad. Y mientras tanto, los buitres del minuto de oro siguen volando.