Reyerta con gloria y heridos: la factura que acaba en el hospital
Es la paradoja perfecta: un hospital es el lugar donde se salvan vidas, pero cuando estalla una pelea con un fallecido y varios heridos por arma blanca, se convierte en un fortín custodiado por antidisturbios. La noticia, recogida por El Mundo, tendría que ser una tragedia social. En los análisis económicos, sin embargo, la pregunta que emerge es más terrenal: ¿cuánto vale todo esto para el bolsillo del contribuyente?
Quién paga la reparación de una reyerta con perecid
Cada episodio violento de estas características consume recursos públicos de forma intensiva: horas de presencia policial, cirugías, estancias en UCI, limpieza de zonas ensangrentadas y seguridad extra en el centro. Todo sale de los impuestos. Hay quien responde con un “mientras no me salpique”, pero esa posición es tan cínica como miope: el coste siempre acaba salpicando a todos, en servicios públicos mermados o en presupuestos de seguridad inflados. Las organizaciones que trabajan con el pueblo etniano, como el Secretariado Etniano, son llamadas a dar explicaciones, aunque su capacidad para controlar a los implicados es muy limitada.
La violencia como arma política
El suceso también sirve para calentar el ambiente político. Unos lo usan para pedir mano dura; otros denuncian que se estigmatiza a un colectivo por los actos de unos pocos. En medio queda la pregunta que nadie quiere contestar: por qué la sociedad no pone más dinero en prevención cuando no duda en gastarlo en represión. La factura, siempre abultada, la pagamos todos.
¿Hasta cuándo será más barato gastar en curar que en prevenir? El hospital recupera la calma, pero la herida social tardará más en cerrar.