El CNI, la TIA y los 80.000 que nadie vio venir
La crisis de Ceuta ha dejado una pregunta incómoda para el Gobierno: ¿nadie en la inteligencia española vio los preparativos de la entrada masiva? El relato oficial sostiene que no hubo aviso. Pero las informaciones publicadas en los días siguientes apuntan a que un puñado de periodistas ya conocía la gestación del asalto a primeros de semana. Con 80.000 personas cruzando en pocas horas, la duda no es menor.
Una versión que hace aguas
La versión que sale de Moncloa y del Ministerio del Interior deja al CNI a la altura de la TIA de Mortadelo y Filemón, esa agencia donde nadie sabe nada hasta que el desastre ocurre. El propio Marlaska ha defendido que Marruecos es un socio «fiable» y que los servicios de información no detectaron la amenaza. Al otro lado, hay quien sostiene que no hace falta un servicio secreto para ver lo que ocurría al otro lado de la frontera: cualquier viajero que cruzase los pasaportes en las horas previas habría advertido la concentración de personas.
La lógica de la navaja de Ockham juega en contra de la tesis oficial: 80.000 personas no se materializan por generación espontánea a las puertas de Castillejos. O el CNI es perfectamente inútil, o había información que no se quiso ver. El medio que destapó la versión contraria, The Objective, se ha visto salpicado por un análisis de su accionariado que apunta a intereses particulares, una maniobra habitual cuando el dato molesta.
El satélite que complica el «no sabíamos nada»
La paradoja es que España tiene medios técnicos para vigilar esa frontera. El satélite PAZ, puesto en órbita a raíz de la crisis de Perejil, lleva cinco años enviando al Ministerio de Defensa imágenes de alta resolución. Hisdesat presume de un flujo de 33 imágenes diarias al Cifas, con capacidades de control de fronteras y vigilancia marítima. Que con ese despliegue nadie viera venir una concentración de decenas de miles de personas es, como poco, difícil de digerir.
El argumento de la incompetencia generalizada choca con la precisión técnica del sistema: 60.000 imágenes en cinco años, 33 diarias, con cobertura del estrecho y del norte de África. Si el CNI no vio nada, ¿para qué sirve todo eso? Si vio algo y no lo contó, el problema es aún mayor.
El coste económico de una crisis mal contada
Más allá del relato, la crisis tiene un precio. Las relaciones con Marruecos -socio comercial de primer orden en fruta y verdura y en tránsito de mercancías- se tensaron hasta el cierre de la frontera. Para Ceuta, que vive de su comercio fronterizo, cada día de bloqueo se traduce en pérdidas directas. La contabilidad exacta no está sobre la mesa, pero el coste de la desconfianza se paga en los mercados y en el comercio local.
A la espera de una investigación independiente, la historia se queda donde la discusión se atasca: o el CNI falló estrepitosamente o a Sánchez le llegó información que no quiso usar. Las dos opciones son caras. Lo barato habría sido contarlo bien desde el principio.