El Congreso vota la dimisión de Sánchez con una mayoría inédita
Pedro Sánchez no piensa irse. Pero el Congreso le va a poner la dimisión sobre la mesa como nunca antes. La presidenta de la Cámara, Armengol, ha admitido a trámite una votación que reuniría los votos de PP, VOX, Junts y UPN, un bloque suficiente para aprobar un mandato mayoritario que exige su salida. El movimiento, que en el lenguaje futbolístico describirían como un gol por toda la escuadra, se votará en el próximo pleno.
La jugada que Armengol ya no pudo frenar
La tramitación llega después de un pulso interno: una moción de Junts con el mismo objetivo fue tumbada hace unos días y el PP registró una propuesta similar de la que se retiraron varios puntos. Pese al intento de desactivarla, finalmente quedó admitida. La aritmética es clara: la suma de los cuatro grupos daría una mayoría que, aunque no sea jurídicamente vinculante, deja al presidente en una posición institucional insostenible.
Junts, ERC y Podemos aprietan al PSOE
Junts no solo pide la dimisión: propone que el propio Congreso elija a otro presidente del Gobierno. Mientras, ERC y Podemos, según las informaciones de la semana, han endurecido sus críticas por los casos que rodean al PSOE, y Feijóo ha logrado reunir mayoría para reclamar que Sánchez se someta a una cuestión de confianza. El bloque que sostenía la investidura se agrieta por todos los lados.
El escepticismo que sobrevuela la votación
Pese al envite, una corriente de análisis se muestra profundamente escéptica. La expresión “este no dimite ni a tiros” condensa la sensación de muchos, y la metáfora de las 72 horas congeladas —en alusión a los plazos que se prometieron y nunca llegaron— se repite en los mentideros. Algunos ven un plan A basado en repetir victoria electoral con el voto subsidiado y un plan B que pasaría por colonizar cada vez más instituciones y contener a los tribunales y a parte de la Guardia Civil. La comparación con la resistencia a ultranza de Zain, también evocado en los análisis, sugiere que Sánchez no entregará el poder sin pelear hasta el final.
Mientras tanto, el presidente ha aterrizado en Londres en un avión oficial de 80 plazas para la graduación de su hija. El detalle, en plena tormenta política, se ha convertido en un símbolo involuntario del momento.
Que el Congreso vote su dimisión no significa que se vaya: la resolución no es vinculante y el presidente ha demostrado una capacidad de resistencia notable. Pero la foto institucional ya está tomada: una mayoría del Parlamento pide su cabeza. El resto, como casi siempre en esta legislatura, es resistencia.