Aznar, presidente en la sombra: la nostalgia económica del PP
Oscar Puente ha vuelto a la carga: José María Aznar no es un expresidente retirado, sino el presidente en la sombra del PP. La acusación del ministro socialista, lanzada con la contundencia que le caracteriza, ha reabierto un debate que en el terreno económico nunca se cerró del todo.
Porque la era Aznar sigue dividiendo a la economía española. Hay quien recuerda los años de crecimiento fuerte, el empleo abundante y una clase media que sentía que el país avanzaba. Ese balance, sin embargo, viene con asterisco: se admite que hubo corrupción a gran escala, pero se sostiene que el nivel de vida compensaba. Esa corriente existe, y pesa.
La otra mirada es menos complaciente: aquel crecimiento se apoyó en una burbuja inmobiliaria que explotó con la crisis de 2008. Se vivía de espaldas a la realidad, apuntan los críticos, y cuando la realidad llegó, todos lloraron. En esa línea, algunas voces van más lejos y exigen explicaciones sobre los atentados que marcaron el final de la etapa de Aznar, aunque sin pruebas concluyentes.
En paralelo, el debate deja un apunte sobre el presente del PP. Se argumenta que figuras como Alberto Núñez Feijóo o Cuca Gamarra valen para estructuras autonómicas o provinciales, pero carecen del coraje y la capacidad de intimidación política que se le presuponen a Aznar. La comparación incomoda.
Si la jugada del PSOE es fijar a Aznar como el verdadero líder de la oposición, tiene lógica. El riesgo es que la nostalgia económica, con todos sus matices, siga operando a favor de la derecha. De momento, la sombra de Aznar sigue siendo alargada.