Mercadona no rebaja la comida a las dos horas de cerrar el sábado
¿Se puede llenar la cesta con productos a punto de caducar comprando en Mercadona a las 20:30 de un sábado, dos horas antes del cierre? La versión que corre por redes sociales asegura que sí: que existe una franja fija de descuentos al final de la jornada del sábado, presentada como una suerte de hacklife socialista para ahorrar en la compra. La letra pequeña que aportan quienes pisan el supermercado todas las semanas dice otra cosa. No hay horario. Y el porcentaje prometido tampoco cuadra.
¿A qué hora baja Mercadona el precio de los productos a punto de caducar?
La respuesta es que no hay hora. Los productos con bajada de precio pueden aparecer un lunes a las 11:00 de la mañana o un sábado a las 20:30, sin patrón que permita programar la visita. La cadena sí aplica rebajas sobre perecederos próximos a caducar, y a veces son jugosas, pero llegan cuando llegan. El relato del descuento sistemático a última hora del sábado se cae por su propio peso: si fuera cierto, media clientela esperaría a esa franja todas las semanas.
El descuento del 50% que no se sostiene en la caja
Quien compra habitualmente en la cadena y ha coincidido con esas rebajas sitúa el ahorro muy por debajo del 50% que promete la versión viral. Lo visto en perecederos un sábado por la tarde existen, sí, pero con porcentajes modestos. En fruta ya cortada, el descuento puede llegar cuando el producto está directamente incomible, lo que convierte la ganga en un mal negocio con pegatina.
Qué cadenas sí rebajan comida con días de margen
El descuento por caducidad no es patrimonio de una sola enseña. Hay cadenas que lo aplican con margen amplio: queso fresco rebajado con seis días por delante, o pescado a mitad de precio en algunas regiones, que acaba en el congelador y de ahí a la mesa durante semanas. La diferencia no es el escaparate, es la previsibilidad y el estado real del producto.
Más gente en la última hora, menos personal para atenderla
El coste del supuesto truco no lo paga el cliente. Si la rebaja se fija a una hora concreta, la tienda se llena justo cuando la plantilla está cerrando caja y deseando acabar. Y hay un argumento de manual: convertir el descuento en una cita fija mata el efecto lotería que engancha al comprador, el mismo mecanismo de recompensa intermitente que explotan las tragaperras. Rebajar siempre a la misma hora es la peor forma de rebajar.
Con el descuento por caducidad elevado a hallazgo ideológico, lo único garantizado es que el sábado a las 20:30 habrá quien recorra los pasillos con más esperanza que carrito.