El «plan magistral» de Sánchez contra el paro que nadie se cree
Una corriente de análisis sostiene que la estrategia del Gobierno contra el desempleo y la pobreza no es lo que parece. Bajo la ironía del título —«no soy progre pero reconocedme que el plan es magistral»— se esconde una tesis que circula con fuerza en ciertos círculos: el Ejecutivo estaría diseñando un modelo de dependencia masiva mediante la inmigración irregular y las prestaciones sociales, con el objetivo último de asegurarse un electorado cautivo.
El «procedimiento» de cuatro pasos
Quienes defienden esta teoría describen un proceso escalonado. Primero, la entrada de inmigrantes sin papeles repartidos por todo el territorio. Segundo, su mantenimiento con pagas hasta los 35 años —lo llaman «activación de la bomba de tiempo»—. Tercero, la retirada de las ayudas para lanzarlos al mercado laboral sin cualificación ni cultura del esfuerzo. Y cuarto, esperar a que delincan, con consecuencias calculadas: desde la muerte de «progres paguiteros» hasta la eliminación de competidores.
El lenguaje es brutal, pero el esqueleto del argumento no es nuevo. La idea de que el Estado crea pobreza para gestionarla y lucrarse —los «negocios de la miseria»— tiene décadas de recorrido en la crítica a las ONG y fundaciones que viven de subvenciones. El problema es que aquí se añade un componente racial y apocalíptico que desacredita cualquier análisis serio.
Estadísticas: el arte de no contar lo que molesta
Hay un punto menos extremo que sí merece atención: la manipulación de las cifras de desempleo. «Se deja de contar el desempleo y la pobreza en las estadísticas y ya está, arreglado», resume un hilo recurrente. La sospecha de que la tasa de paro se maquilla excluyendo a quienes han dejado de buscar trabajo o a los migrantes en situación irregular no es descabellada. Pero de ahí a un plan deliberado de ingeniería social hay un trecho que solo la evidencia empírica puede salvar.
Entre tanto, el relato oficial sigue vendiendo reducciones de paro como logros personales de Sánchez. La pregunta que nadie responde con datos es: ¿cuántos de esos nuevos empleos son precarios, temporales o directamente no contabilizados? Mientras no se sepa, la teoría conspirativa tendrá terreno abonado.
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