El timo ecológico de las bolsas de plástico de pago
¿Alguna vez te has preguntado si cobrar por las bolsas de plástico reduce realmente su consumo? Un estudio en dos ciudades de Texas detectó que, tras implantar el pago, las ventas de bolsas de basura se dispararon. La lógica es perversa: al no tener bolsas gratis del supermercado, la gente compra más bolsas específicas para la basura, a menudo de mayor grosor y con más plástico. El resultado neto puede ser un aumento del consumo total de plástico.
Qué hay detrás de la medida: ¿ecología o negocio?
Los datos de Texas sugieren que el efecto perseguido –menos plástico– se ha invertido. Pero, ¿era ese el objetivo real? Varios análisis apuntan a que la medida estaba más orientada a generar ingresos para los fabricantes y las cadenas que a reducir residuos. Si el fin fuera ecológico, se habría optado por bolsas de papel o materiales compostables, no por cobrar las de plástico. La sospecha de que es un impuesto encubierto se refuerza con el hecho de que los márgenes de las bolsas de plástico de pago son mayores que los de las gratuitas.
El acopio como respuesta racional
Ante la subida de precios, algunos consumidores responden con acopio. Se ha documentado la compra de grandes lotes de bolsas (200 unidades) antes de que escaseen por la subida del petróleo o por restricciones. Esta conducta, lejos de reducir el consumo, lo adelanta y concentra, creando distorsiones en el mercado.
El resultado es que el usuario paga más, el fabricante gana más, y el medio ambiente no gana nada. Como tantas otras medidas etiquetadas de sostenibles, aquí lo único que se sostiene son los ingresos de unos pocos.