La Séptima: el nuevo canal de TDT que nace bajo sospecha
José Miguel Contreras, socio fundador de Globomedia y La Sexta, ha registrado ya el nombre y el logo de la nueva cadena de televisión en abierto que ocupará la licencia adjudicada a SIETE (Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo SL) . El canal, que no se llamará "Siete" sino "La Séptima", tiene fecha límite de lanzamiento en noviembre de 2026. La noticia ha desatado un aluvión de críticas en medios digitales y redes sociales, donde se la califica de "chiringuito" electoral y "altavoz del Gobierno" justo cuando el sector pierde audiencia a chorros.
Un nombre controvertido y un pasado que pesa
"La Séptima" evoca inmediatamente la séptima plaga bíblica —granizo y fuego—, y no faltan quienes lo señalan con sorna. La elección ha obligado a descartar "La Siete", denominación ya utilizada por Mediaset entre 2009 y 2014 para un canal de telenovelas clausurado por sentencia judicial. La coincidencia no es menor: aquel canal también nació con una estrecha relación con el poder político, según recuerdan analistas del sector.
El perfil de los impulsores refuerza las suspicacias. Contreras, histórico de la televisión privada de izquierdas, repite esquema: primero La Sexta, ahora La Séptima. La diferencia es que el mercado ha cambiado radicalmente. La TDT en abierto pierde espectadores cada año frente a Netflix, YouTube y Twitch. La audiencia media de los canales tradicionales se concentra en mayores de 60 años, mientras los jóvenes migran a plataformas sin publicidad.
¿Quién paga y para qué?
El hilo de discusión apunta a un modelo de financiación opaco. La licencia fue otorgada por el Gobierno a SIETE, y aunque se presenta como privada, los comentaristas subrayan que la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) podría tener participación indirecta. Se especula con que el canal será un "plan B" para recolocar a periodistas afines cuando el PP llegue al Gobierno y reestructure RTVE. Entre los nombres que ya se barajan figuran Javier Ruiz, Silvia Intxaurrondo, Àngels Barceló, Javier Aroca y Julia Otero, todos ellos profesionales de perfil progresista y con amplia experiencia en medios públicos.
"Empieza a parecerse a las televisiones de los pastores protestantes norteamericanos, a medida de su parroquia", resume uno de los análisis más compartidos. En un mercado saturado, con márgenes publicitarios menguantes, abrir una cadena en 2026 solo se explica si el Estado la sostiene —vía publicidad institucional o subvenciones directas— o si responde a una necesidad política de mantener una plataforma afín.
El negocio de las audiencias en residencias
Irónicamente, los críticos señalan que la competencia no será con Atresmedia o Mediaste, sino con "el resto de autonómicas por ver quién lidera las audiencias en residencias y hospitales". La broma encierra un dato demográfico incómodo: los mayores de 60 años, que todavía ven televisión lineal, son el segmento que más vota y que más fiel es a los medios tradicionales. La Séptima apunta directamente a ese nicho, consciente de que el voto de la tercera edad decide elecciones. No es un fallo de marketing; es una estrategia política.
Con estos mimbres, la cadena arrancará en noviembre con la etiqueta de "tele de propaganda" y un escepticismo generalizado sobre su viabilidad económica. El dato que descoloca: mientras los canales clásicos pierden share año tras año, el Gobierno invierte en crear uno nuevo. O es un excelente negocio —para los que cobran— o es puro cálculo electoral. Ninguna de las dos opciones tranquiliza al contribuyente.