Atrapado en el trabajo cómodo: cuando el 'no puedo más' no es por el sueldo
Cobra ligeramente por encima de la media nacional, va andando al trabajo, no tiene presión. Y, sin embargo, declara que va a perder la cabeza. La paradoja del empleado con un trabajo objetivamente bueno pero psíquicamente insostenible emerge con fuerza en el debate sobre la rutina laboral. No es la carga, sino la repetición: la misma mierda todos los días, como confiesa él mismo, y la angustia anticipatoria de que las vacaciones se acaban desde el primer día.
En contraste, se señala la existencia de trabajadores que llevan 50 años como reponedores cobrando 1.000 euros y sonríen siempre. ¿Distimia? Un tipo de depresión que fuerza una alegría social mientras por dentro se derrumban. La pregunta incómoda es si esa resiliencia es salud mental o anulación de la conciencia.
Entre las estrategias para sobrellevarlo destaca un truco psicológico: fragmentar las vacaciones en bloques de una semana intercalados con dos semanas de trabajo. Así, al terminar la primera semana de vacaciones, la perspectiva de otra semana próxima cambia la percepción del tiempo. Un pequeño engaño a la mente que, según se argumenta, alivia la ansiedad.
¿Qué diferencia a quienes aguantan décadas sonriendo de quienes se rompen a los pocos meses? El debate queda abierto.