El robot no sustituye la cadena: sustituye a quien trabaja en medio
Una mano robótica de Unitree con 20 grados de libertad (16 activos y 4 pasivos) y 94 puntos de contacto sensibles. Un vídeo de un humanoide de Figure operando en la planta que BMW tiene en Carolina del Sur, no en un banco de pruebas. Un informe del Bank of America Institute que coloca la «IA agentic» como motor económico hasta 2030. Y debajo de todo, el argumento incómodo: el robot no viene a sustituir la soldadora ni la prensa —llevan décadas automatizadas—, viene a por el operario que mueve piezas entre una máquina y otra. Ese matiz reordena el debate sobre el empleo, y casi nadie lo mira de frente.
Lo que ya está pasando en los almacenes
La sustitución no es una amenaza futura, es un historial. En almacenes españoles hay quien recuerda haber flejado palés a mano hasta que llegó una máquina que lo hizo sola, y haber hecho picking sobre la cinta transportadora hasta que un láser lo automatizó. El resultado, sin épica: unos pocos recolocados y el resto a la calle. La misma película se vivió antes con los controladores de estacionamiento, sustituidos primero por vehículos con cámara y luego, con la conducción autónoma, por nada. La automatización rara vez avisa; llega, hace el trabajo y deja atrás una nómina que ya no hace falta.
El informe que pone fecha: 2030
El Bank of America Institute sitúa en el próximo lustro la «ruptura del viejo mundo»: irrupción tecnológica, auge del cibercrimen y reconfiguración geopolítica. El documento coloca la IA en el centro del mercado laboral, con la llamada «IA agentic» —capaz de actuar sin supervisión constante— como palanca. La fecha no es inocente: 2030 es el horizonte al que se agarran tanto los que prometen empleo como los que ya lo dan por perdido. El informe, en el fondo, pone por escrito lo que la banca lleva años preparando en silencio.
Cuarenta años, una hipoteca y la IA
Hay un testimonio que se repite con variantes. Un gestor de proyectos de obra civil e instalaciones estima que la IA ya cubre el 90% de su trabajo, «posiblemente mejor que yo en la mayoría de ocasiones», aunque necesite supervisión. Dos profesionales de banca, ambos cuarentones, han ansioso de sus puestos y lo tienen difícil para recolocarse. En el sector financiero se apunta directamente a una operación corporativa en curso sobre Sabadell como catalizador de prejubilaciones y despidos. Y la administración pública, con miles de funcionarios en tareas administrativas y contables, no va a ser una isla.
Quién compra lo que producen los robots
Aquí llega la objeción clásica, y no es menor. Si los robots fabrican todo y los humanos se quedan sin sueldo, ¿quién compra? La demanda no se sostiene sin salarios. La industria del automóvil ya se tambalea sin que muchos tengan dinero para un coche, y la respuesta —sustituir operarios por máquinas— elimina justo al que iba a comprarlo. La contraoferta que circula es repartir el trabajo: menos horas por persona y más salario real, aunque hay quien avisa de que forzarlo sin más empujaría los salarios a la baja, y otros añaden un detalle nada menor: aparecerán unicornios valorados en miles de millones con uno o dos empleados.
Los que dicen que no va a pasar
No todos compran el relato. La objeción técnica más citada es la paradoja de Sarracena: lo difícil para una máquina es justo lo fácil para un humano. Por eso el pintor y el jardinero respiran mientras los empleos intelectuales medios se tambalean. La otra objeción es de enfoque: no se trata de copiar al humano, sino de rediseñar el proceso para prescindir de él. Y la letra pequeña del vídeo de BMW cuenta lo que no salió en el montaje: al principio, el robot de Figure trabajaba solo fuera del horario de producción. Como quien compra el hielo al muchacho del hielo porque las neveras las carga el diablo.
El consenso técnico, a la fecha de esta discusión, es que no será mañana. El consenso económico, que ocurrirá. La pregunta que queda abierta —y por eso nadie cierra el asunto— es cuánta de esa transición se financiará con la nómina de quien todavía no ha sido sustituido.