Lidia y el dilema: ¿naturales o silicona?
¿Qué pesa más en la valoración pública, el talento musical certificado por el Conservatorio de Moscú o la curva de unos pechos? Una cantante ha desatado la discusión al combinar ambas cosas, y el resultado es un cruce entre el aplauso por su trayectoria y el escrutinio quirúrgico de su anatomía.
La artista, formada en la escuela rusa con notas sobresalientes, ha tenido que buscarse un mercado de «monguers», como se dice en el argot, para rentabilizar su carrera. El público, sin embargo, no se fija en su voz, sino en si su pecho respira con bisturí o es de fábrica. Las fotos de antes y después no dejan lugar a dudas: el cirujano trabajó duro.
Mientras tanto, su acompañante habitual, un guitarrista, se lleva los elogios por saber dónde colocar la pasta, y no solo la musical. La ironía de que una mujer con semejante currículum académico sea reducida a un debate sobre tetas no se le escapa a nadie. Pero así es el mercado, como dicen los entendidos. Y en este caso, el producto se vende mejor con relleno.
Eso sí, los puristas clásicos lamentan que el conservatorio quede en segundo plano. La pregunta final: si la obra es buena, ¿importa si los pechos son de goma?
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