Dos segundos de vídeo y el odio sigue intacto
¿Puede una mujer argentina de dos segundos de vídeo borrar el rechazo que muchos sienten hacia el país? Ese era el supuesto objetivo del clip que ha circulado esta semana. La propuesta falla en cuanto la protagonista abre la boca.
El espejismo de los dos segundos
El clip dura exactamente dos segundos. Una mujer argentina, posiblemente generada por inteligencia artificial, aparece en pantalla. El efecto inmediato es de atención, incluso de deseo. Pero las reacciones que ha suscitado demuestran que el atractivo visual se desvanece en cuanto la imagen se sustituye por la voz. El acento, las expresiones y hasta el tono bastan para reactivar el prejuicio que el vídeo pretendía disolver.
No es casualidad que algunos hayan querido marcar distancias entre la animadversión hacia los futbolistas argentinos como Enzo Fernández o Paredes y lo que provoca la mujer del vídeo. La distinción, sin embargo, no cambia el resultado: la percepción sobre la nacionalidad permanece.
La paradoja de la inteligencia artificial
Algunos análisis apuntan a que la protagonista podría ser una imagen generada por inteligencia artificial. Si es así, toda la operación de simpatía se sostiene sobre un artificio. Difícil que eso conmueva a quien ya tiene una opinión formada. La tecnología puede fabricar rostros, pero no puede fabricar confianza.
Al final, la mujer argentina duró dos segundos. El prejuicio, en cambio, lleva décadas instalado y no muestra prisa por irse.