Monero sube un 30% en horas por un hackeo de 120 millones en USDT
Monero, una de las criptomonedas más perseguidas por los exchanges, firmó una fuerte subida en horas por un motivo que no tiene nada que ver con su tecnología. Un atacante robó 120,2 millones de USDT, los envió a una billetera de Tron y trató de convertirlos en Monero. El libro de órdenes era tan delgado que la operación empujó el precio un 30% en horas. Tether congeló después 72 millones. La persecución institucional a Monero continúa; su cotización, también.
¿Qué pasó con los 120,2 millones de USDT que movieron a Monero?
El 11 de junio una dirección de Tron recibió 120,2 millones de USDT y, según el rastreo difundido por ZachXBT, movió más de 12 millones a direcciones de depósito de KuCoin, 8 millones a intercambios instantáneos y otros 8 millones en operaciones similares. El grueso fue a parar a Monero. Tether reaccionó congelando 72 millones antes de que la salida terminara, y en el plazo de un mes retiró de circulación 514 millones de dólares y marcó 370 billeteras.
El episodio dice más del USDT que de Monero. Lo que se bloqueó no fue la moneda privada, sino el activo congelable que se usó para entrar en ella. Es la misma lógica que deja cualquier saldo de stablecoin a merced del emisor, incluso en una cartera sin custodia.
Presión sobre Monero, Zcash y Dash
La presión regulatoria es real. En el hilo se asegura que Kraken ha retirado Monero de su catálogo y que Binance ha avisado de que no aceptará depósitos de Zcash o Dash cuya trazabilidad no sea clara. La normativa europea empezaría a aplicarse el día 30 de ese mismo mes, y las compras con dinero fíat sin identificación quedaron reducidas a vías dispersas: mercados centralizados como MEXC, plataformas sin verificación como Nonkyc.io y aplicaciones entre particulares como Bisq, Haveno o Retoswap.
El resultado es un mercado de liquidez estrecha. Cuando entran 120 millones y el libro es fino, el precio se mueve un 30%. Cuando sale el mismo dinero, se mueve igual de rápido hacia abajo.
Por qué la fungibilidad protege a Monero de los deslistados
En Bitcoin una moneda no vale lo mismo que otra. Si una transacción arrastra fondos marcados como sospechosos, la plataforma que la recibe puede bloquear la entrada. Circula el caso de una conversión de Monero a bitcoin y su envío posterior a Binance en el que la operación quedó retenida: el argumento que se maneja es que basta con que una fracción mínima esté contaminada para que se marque la transacción completa.
Monero no admite esa distinción. Sus unidades son intercambiables entre sí, sin historial consultable, y eso la vuelve incómoda para los intermediarios y valiosa para quien necesita mover valor sin dejar rastro. Los datos que se citan en el hilo apuntan a unas 30.000 transacciones diarias, frente a las 18.000 de Bitcoin Cash y las 500.000 de Bitcoin. Según se apunta, su emisión seguirá siendo inferior a la de BTC hasta 2040.
La amenaza cuántica sobre la criptografía de Monero
Como se explica en el hilo, el flanco débil no es regulatorio, es matemático. Monero apoya buena parte de su seguridad en curvas elípticas —Ed25519 y Curve25519— y en mecanismos como las firmas de anillo CLSAG, las direcciones ocultas y los compromisos de RingCT. Un ordenador cuántico suficientemente potente ejecutando el algoritmo de Shor podría resolver el problema matemático que lo sostiene.
De ahí Seraphis, una abstracción de protocolo de transacción diseñada por un colaborador del laboratorio de investigación de Monero bajo el pseudónimo de «koe». Su objetivo es reemplazar RingCT para ganar privacidad, escalabilidad y eficiencia. Está propuesta, no desplegada.
Monero lleva años sobreviviendo por exceso. Su privacidad es tan completa que le cierra las puertas de los intermediarios que le darían liquidez; su fungibilidad es tan estricta que no deja resquicio al control. Si esa virtud es la que la mantiene viva o la que acabará asfixiándola sigue sin respuesta. De momento, cada vez que alguien intenta matarla, el precio sube.