Ceuta deja al descubierto el cinismo de Rabat con sus ciudadanos
Pocas imágenes resumen tan bien la relación entre un régimen y su gente como una mujer descubriendo de golpe que su gobierno la considera prescindible. Un vídeo muestra a Mora, una ciudadana que estalla al saber que, según su versión, el gobierno marroquí utilizó a personas como carne de cañón en la crisis fronteriza.
La reacción popular no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que la operación fue dirigida desde Estados Unidos e Israel, mientras otra corriente, más escéptica, recuerda que el rey de Marruecos ordenó fletar autobuses hacia Castillejos: no hace falta buscar culpables externos cuando el propio régimen actúa contra su gente.
El episodio deja al descubierto la fragilidad de los ciudadanos en la negociación política. Mora no pide limosna, pide que el relato oficial deje de tratar la vida humana como un actor secundario. Que su nombre se haya convertido en símbolo de esa indignación es, quizá, la única esperanza de que algo cambie.
¿Seguirá Mora siendo la excepción que nombra lo que muchos callan, o será absorbida por el silencio que envuelve a la crisis de Ceuta?