Irene Montero abandona su escaño en el Congreso para aterrizar en el Parlamento de Andalucía
La exministra de Igualdad ha confirmado que asumirá el acta de diputada autonómica en la Cámara andaluza, lo que implica su renuncia al Congreso de los Diputados. Una decisión que, lejos de pasar desapercibida, ha reabierto el debate sobre la coherencia política y la tempestad interna en la izquierda.
Abandono del barco de Sánchez o vuelta a los orígenes
Quienes la critican aseguran que Montero abandona el barco de Pedro Sánchez justo cuando más turbio se pone el horizonte electoral. Y recuerdan el símil con Macarena Olona, que salió corriendo de la política nacional tras perder su escaño. En cambio, un sector más indulgente valora que, al menos, se queda en Andalucía y no se va del todo. La coherencia territorial pesa más que la huida hacia adelante, apuntan.
Ironía y reproches: del mercadillo al Parlamento
El relato no se ha salvado del humor corrosivo. Algunas voces han recordado sus orígenes humildes —literalmente, "vendiendo bragas en el mercaillo a dos leuros"— para subrayar la distancia entre su pasado y su presente institucional. Otros han ironizado con la coincidencia de que abandone el Congreso justo cuando se avecinan "cositas" en 72 horas, según el runrún político.
Entre quienes la reciben con escepticismo están también los que comparan su trayectoria con la de Susana Díaz, más preocupada por la televisión que por el trabajo parlamentario. El infierno político no hace distingos.
¿Y ahora qué?
Con su aterrizaje en el Parlamento andaluz, Montero pasa de ser diputada rasa en Madrid a jefa de la oposición en Andalucía, según algunos análisis. Pero la sombra de procesos judiciales planea sobre su futuro: "También da un poco igual si al final va a acabar en prisión", sentencia una de las intervenciones. Sea como fuere, el movimiento ya está hecho. El barco de P.S. —o la PlayStation, que todo es uno— pierde un tripulante.
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