Europa, ¿parque temático mientras Dubái y Shanghái toman el relevo?
«¿Está Europa condenada a quedarse atrás mientras Dubái, Doha o Shanghái devoran el futuro?» Esa pregunta, cada vez más habitual en los análisis económicos, resume una inquietud: el centro de gravedad del desarrollo se ha movido y Europa parece haberse quedado anclada al pasado.
El choque entre patrimonio y crecimiento
Hay quien defiende el valor de urbes como Praga, Lisboa o Florencia: su atractivo no se compra ni se improvisa. Pero la corriente contraria recuerda que la economía no se alimenta solo de postales. Las megaurbes del golfo Pérsico y de China crecen a un ritmo demoledor, construyendo barrios enteros en una década mientras en Europa cada licencia de obra se convierte en un vía crucis.
Las lecturas más pesimistas llegan a hablar de Europa como «futuro de subdesarrollo», con la excepción de Londres y, salvando las distancias, París. Los países nórdicos serían prósperos pero poco dinámicos, sostenidos por poblaciones pequeñas más que por ecosistemas emprendedores.
El espejo de Dubái
Mientras aquí se protege cada fachada histórica, en el quinto pino no tienen remilgos para arrasar con el pasado. Eso puede ser una condena para el crecimiento o una bendición para la identidad; el tiempo dirá cuál de los dos modelos resiste. Europa quiere ser museo y potencia a la vez, una aspiración que nadie ha conseguido sostener sin incendiar antes el patrimonio.