Cantabria, el verde que se paga en lluvia
El 22 de agosto, un ciclista atraviesa Cerrazo, San Esteban, Fresnedo, Rudaguera y Villapresente. Publica fotos: todo verde. Para quien escribe desde la meseta, el contraste es brutal: no hay un solo kilómetro amarillo.
La reflexión surge sola: "La magia no existe; si quieres que esté verde, tiene que estar lloviendo gran parte del año." Esa es la letra pequeña del paraíso norteño. Las inmobiliarias que venden casas en Galicia o las agencias que promocionan veraneos en Escocia seleccionan los tres días de sol y los convierten en publireportaje.
El asfalto, enemigo invisible del paisaje
Otro apunte del recorrido: todo es carretera o camino asfaltado. El paisaje bucólico se convierte en un escenario inaccesible, porque el contacto directo con la tierra ha sido extinguido. Consumimos naturaleza sin pisarla. Turismo rural, pero con catálogo asfaltado.
La pregunta final es incómoda: ¿cuánto sol hay que sacrificar para mantener esa foto? Los vecinos del norte lo saben, pero no hacen publireportaje. Hasta que no haya datos que lo expliquen, el color verde seguirá siendo la gran hipoteca climática de España.