La memoria histórica de la vivienda tiene un capítulo incómodo, y el vídeo del NODO lo destapa. No eran 8.000 pisos, como reza el titular, ni 18.000, como se dijo en la plaza: el acto de entrega de títulos de propiedad sumaba 7.486 viviendas. Pero el número importa menos que la pregunta incómoda: ¿cómo es posible que un régimen condenado por la miseria repartiera llaves mientras hoy, con democracia y europeísmo, el alquiler se come la mitad del sueldo?
La letra pequeña del milagro franquista
El régimen hizo de la vivienda una bandera. La máxima de José Luis de Arrese, ministro de la Vivienda, resume la estrategia: «No queremos un país de proletarios, sino un país de propietarios». El objetivo era crear una clase media conservadora anclada a su ladrillo. Y en parte funcionó: las anécdotas familiares de la época hablan de pisos que costaban lo que un Seat 124, unos 130.000 pesetas, pagaderos en cinco años.
Frente a esa imagen oficial, la otra cara: los cinturones de chabolas de Carabanchel y Vallecas no desaparecieron hasta bien entrada la democracia. Hubo barrios sin asfaltar al menos hasta que el desarrollismo los alcanzó. El propio complejo que entregaba Franco en el vídeo no era la solución a la falta de vivienda, sino una pieza de propaganda en un país con déficit estructural de infravivienda. El fracaso del modelo público de vivienda en bloque, ejemplificado en Pruitt-Igoe en Estados Unidos, servía de advertencia.
De la entrega de llaves al alquiler de 1.200 euros
La discusión pública salta al presente con una ironía que duele: muchos de aquellos pisos franquistas, construidos con calidades justas, se alquilan hoy por 1.200 euros al mes. O en venta por 300.000 euros, el precio de una entrada inalcanzable para el salario medio.
Aquí el análisis se bifurca. Una corriente sostiene que el problema es la especulación: los fondos buitre y las empresas de alquiler turístico acaparan vivienda, y el estado mira hacia otro lado mientras los grandes compradores extranjeros usan el ladrillo como refugio de capital. Se citan las SICAV inmobiliarias que Rajoy perdonó, y se propone un impuesto pogre a la tenencia de viviendas. La contraria responde con datos: la vivienda vacía en las capitales ha caído un 32% desde 2001 mientras el parque nacional crecía un 24%, y el problema no es el acaparamiento sino la escasez de obra nueva y la regulación que ahuyenta a los pequeños caseros. La inversión que alquila, insiste, es la única vía para muchos sin ahorros.
Con estos mimbres, la pregunta del millón sigue abierta: si el franquismo repartía llaves para crear propietarios acomodados, y hoy la política de vivienda convierte el techo en un lujo, ¿qué modelo preferimos? La respuesta no está en el vídeo del NODO, pero el vídeo sirve para recordar que alguna vez, se hiciera bien o mal, la vivienda pública fue, al menos, un problema que se atacaba. Ahora ni siquiera eso.