La cuenta que se hace pasar por Mel Gibson pide arrestar a Soros
Un mensaje que circula con la firma de un perfil presentado como Mel Gibson pide incluir a George Soros en la lista de buscados y sentarlo ante un tribunal por supuestos «crímenes contra las naciones europeas». El texto sostiene que el inversor compró durante décadas a políticos, medios, periódicos, jueces y fiscales con un único objetivo: meter
un millón de inmigrantes al año en Europa. La pregunta que salta sola es si el actor tiene algo que ver con eso. La respuesta que dan las réplicas es que no: se trata, dicen, de una cuenta que suplanta al cineasta.
¿Es auténtica la cuenta que pide arrestar a Soros?
El no es contundente.
«Que esa no es una cuenta de Mel Gibson, solo alguien que se hace pasar por él», resume una de las respuestas. La confusión no es casual: el perfil luce el símbolo de verificación, y hay quien recuerda que esa insignia acredita que la cuenta
afirma ser de alguien, no que lo sea. De ahí el aviso de que la suplantación de identidad es un delito y de que el actor, con los abogados que puede costearse, tendría margen para reclamar. Ninguna acción de ese tipo consta.
Qué sostiene el mensaje y qué prueba aporta
El contenido es una acusación en bloque: compra de voluntades políticas, periodísticas y judiciales durante décadas, con una cifra redonda —
un millón de personas al año— como consecuencia. No hay una sola resolución judicial, documento o fuente que respalde la imputación. Ese es el primer problema del mensaje: pide una detención internacional sobre la base de una afirmación sin acreditar. El segundo es el destinatario, un inversor conocido por financiar proyectos políticos y civiles en medio mundo, lo que convierte cualquier debate sobre su influencia en un campo minado donde el dato y la sospecha se confunden con facilidad.
De Soros a la escalera conspirativa de siempre
A partir de ahí, las respuestas suben escalones. Una corriente sostiene que Soros
«no es nadie», que es un peón y que lo que hay detrás es tan viejo como el mundo; otra salta directamente a supuestas familias y sociedades secretas que manejarían los hilos del planeta. Es el patrón clásico: cuanto más abstracto el enemigo, menos refutable. También asoma el marco religioso, con el mal como motor de la historia, que traslada el asunto del terreno judicial al metafísico. Ahí ya no hay nada que probar. Y por eso nunca se cierra.
El salto a la política española
En el plano político, una de las réplicas afirma, sin aportar prueba alguna, que el Gobierno de España responde a los intereses del inversor. Otra replica el gesto en sentido contrario y nombra directamente al presidente del Gobierno en una petición cruzada de detenciones. Es el mismo mecanismo de siempre: una acusación grave, lanzada al aire, que se sostiene únicamente por repetición. Ni una sola de esas imputaciones ha sido acreditada ante un tribunal.
Del supuesto delito a la taquilla
Y luego está el cine. Entre las respuestas hay quien celebra la intervención atribuida al actor y anuncia que irá a ver su próxima película —ateísmo incluido—, y quien recuerda que Gibson se financia sus propios proyectos. Un mensaje sobre supuestos crímenes contra las naciones europeas acaba, como casi todo en internet, hablando de butacas. El juez de instrucción, de momento, sigue sin aparecer.