Holanda practica eutanasia a un adolescente autista: la pendiente resbaladiza ya no es teoría
En 2023, dos menores de entre 12 y 18 años murieron por eutanasia psiquiátrica en los Países Bajos. Uno de ellos, un adolescente con autismo, fue sometido a la muerte asistida cuatro años y medio después de su diagnóstico, según reveló el National Post el 23 de marzo de 2026. El caso ha reabierto el debate sobre los límites de la eutanasia y la deriva ética en Occidente, con posturas que van desde la alarma por una pendiente resbaladiza hasta la defensa de la autonomía del paciente.
El caso concreto
El adolescente, de entre 16 y 18 años, describía su vida como insoportable. Tras cuatro años y medio con un diagnóstico de trastorno del espectro autista, el sistema sanitario holandés autorizó la eutanasia a petición propia. La noticia, publicada por National Post, detalla que fue una de las dos muertes por eutanasia psiquiátrica en menores registradas en 2023 en el país. Se informó a la madre tras la muerte, lo que ha generado críticas sobre la transparencia y el consentimiento familiar.
Reacciones: entre la compasión y el horror
Una corriente de opinión dominante considera esto una deriva ética sin precedentes: se argumenta que un adolescente autista, vulnerable y con posibles problemas de comunicación, no está en condiciones de tomar una decisión irreversible sobre su vida. Señalan que Holanda ya normalizó la eutanasia por sufrimiento psíquico y que ahora se extiende a menores, abriendo la puerta a casos futuros por depresión, ansiedad o fracaso escolar. Frente a esta postura, una minoría defiende la eutanasia como un acto de compasión y respeto a la autonomía, sosteniendo que el sufrimiento subjetivo debe ser tratado igual que el físico. Algunos incluso lo minimizan como un caso aislado de "minorías muy pequeñas".
La pendiente resbaladiza y el contexto global
El caso no se entiende sin el marco de décadas de expansión de la eutanasia en los Países Bajos y Bélgica, que ya incluye a transexuales arrepentidos y personas con trastornos mentales. Críticos apuntan a que se trata de un ensayo para normalizar la muerte asistida en colectivos que el sistema considera "desechables", y no faltan quienes vinculan esto con el tráfico de órganos, citando el caso de una mujer canadiense a la que se ofreció el programa de muerte por un dolor de espalda. La sombra de la eutanasia como solución rápida a problemas sociales planea sobre el debate.
Mientras la opinión pública se divide entre la compasión y el horror, el caso holandés se suma a la creciente lista de ejemplos que cuestionan hasta dónde está dispuesto a llegar el sistema sanitario en nombre de la autonomía del paciente. La pregunta que queda en el aire: ¿está la sociedad preparada para aceptar la muerte como tratamiento estándar para el malestar existencial?
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