La farmacéutica que no se deja seducir
Llegar a un pueblo pequeño e intentar seducir a la farmacéutica local puede parecer una empresa romántica. Pero hacerlo con una primera visita con fiebre y casi sin poder andar, y una segunda bajo los efectos de una sustancia, no es el mejor plan. Un vecino recién llegado relata su peripecia: a pesar de dos encuentros calamitosos, logró que ella le diera su número de teléfono. «Pensé que era muy difícil remontar esas impresiones, pero la chulería y el aura de alfa pendenciero hicieron contrapeso», comenta.
El poder de la persistencia en un entorno rural
En los pueblos, las relaciones se construyen con el trato diario. Tras varios meses de miradas y visitas frecuentes a la farmacia, la profesional comenzó a corresponder el interés. No era la típica historia de amor exprés; ella se mostraba seria, y él había empezado con mal pie. Sin embargo, el juego de seducción fue avanzando. El protagonista admite que su actitud despreocupada y su «aura de alfa pendenciero» jugaron a su favor, aunque no todos en el entorno lo ven con buenos ojos.
Lo que dicen los análisis
Hay quien sostiene que en ambientes pequeños, cualquier detalle se magnifica y las primeras impresiones pesan más. Otros creen que, precisamente por la familiaridad, es posible remontar situaciones grotescas si se muestra seguridad. «El cálculo más optimista asume que una sonrisa y un número de teléfono bastan para borrar dos visitas desastrosas», ironiza un observador. «El pesimista cree que, a la larga, esas meteduras de pata pesarán». De momento, el protagonista tiene cita pendiente.
El caso deja una enseñanza: en el amor rural, la perseverancia y el descaro pueden más que un resfriado o una mala tarde. Aún está por ver si la estrategia acaba en una relación o en un portazo.