Begoña Gómez pide al juez ir a la graduación de su hija en Londres: la educación pública que predican, no la practican
El pasado fin de semana, Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, solicitó autorización judicial para salir de España con el fin de asistir a la cumbre de la OTAN y a la graduación de su hija en un centro educativo en Londres. El movimiento ha reabierto el debate sobre la coherencia entre el discurso y las acciones de la izquierda española en materia de educación pública.
Mientras el Gobierno de coalición insiste en blindar la escuela pública frente a los conciertos y la privada, las élites socialistas eligen para sus hijos centros en el extranjero o de pago. No es un fenómeno nuevo: desde la etapa de Zapatero, numerosos dirigentes han optado por colegios privados o internacionales, pero cada nuevo episodio renueva la polémica.
La petición de la esposa del presidente, en plena investigación judicial por sus negocios, no ha pasado desapercibida. Los críticos señalan que la izquierda ha demonizado la educación privada mientras sus familias se benefician de ella. La hipocresía resulta especialmente llamativa cuando se trata de la graduación en un colegio de pago en Londres, ciudad cara donde las haya.
El coste de la coherencia ideológica
El debate no es menor: durante años, el PSOE ha defendido que la educación pública debe ser el eje del sistema, pero los datos sobre escolarización de sus líderes cuentan otra historia. Según estudios recientes, más del 40% de los diputados socialistas con hijos en edad escolar los matriculan en centros privados o concertados, una proporción muy superior a la media nacional.
En el caso de la familia Sánchez, la decisión de enviar a su hija a un colegio en Londres no es nueva, pero el contexto de investigación judicial añade un punto de fricción adicional. La izquierda que predica igualdad mientras sus hijos estudian en el extranjero genera un escepticismo difícil de tapar.
El argumento de la privacidad familiar choca con la ejemplaridad pública. Si se defiende un modelo, parece razonable esperar que los defensores lo apliquen a sus propios hijos. La brecha entre el discurso y la práctica no solo desgasta al Gobierno, sino que alimenta la desconfianza ciudadana hacia las élites políticas.
Con estos mimbres, la polémica seguirá abierta. Queda por ver si el juez Peinado autoriza el viaje y qué efectos tendrá en la opinión pública. De momento, la imagen de una líder socialista pidiendo permiso judicial para asistir a una graduación privada en el extranjero dice más que mil discursos.