España blinda los peñones mientras Marruecos aprieta por Ceuta
La noche volvió a tensarse en la playa del Trampolín, en Ceuta. La Policía tuvo que disuadir a cientos de vecinos que intentaron expulsar a los migrantes concentrados en la zona, según las imágenes difundidas. Es la cara visible de un pulso que ya no se libra solo en el agua: mientras el Ejército de Tierra acarreaba a brazo más de 30 toneladas de material hasta el peñón de Alhucemas, distintos medios difundieron que Marruecos ha puesto en marcha un comité para anexionarse Ceuta y Melilla, un extremo sin confirmación oficial. Bajo la etiqueta de una nueva Marcha Verde, la posibilidad de un nuevo movimiento marroquí circula ya en el debate público.
¿Qué es la Marcha Verde 2.0 y por qué vuelve ahora?
Quienes hablan de una nueva Marcha Verde no describen una marea humana cruzando la frontera, sino una presión sostenida en varios frentes: diplomático, militar y migratorio. La pieza que, según las informaciones que se han ido difundiendo, la activaría es la coincidencia de un Gobierno español al que se considera débil y una Administración estadounidense dispuesta a mirar hacia otro lado, con Trump en la Casa Blanca. La lectura que circula es que Marruecos no volverá a tener una ventana tan cómoda en décadas.
Hay quien sostiene que todo esto es una cortina de humo para tapar otros asuntos, y que el ruido sobre Ceuta sirve sobre todo para distraer. En contra pesa el goteo de gestos concretos: patrulleros, obra militar, dinero para organizaciones civiles.
Los peñones: 30 toneladas a brazo y 33 jornadas
El refuerzo del peñón de Alhucemas se hizo a pulso. Más de 30 toneladas de material acarreadas a brazo y 33 jornadas «a destajo» para dar por concluida la obra, según los datos que se han publicado. Da cuenta de una logística que, en esos islotes, es un ejercicio de resistencia más que un despliegue moderno.
En paralelo, la Armada actualizó la línea de costa de la isla de Alborán, que Marruecos reclama, y un patrullero de altura, el Serviola (P-71), rastreó las proximidades de los peñones españoles.
Las Fuerzas Armadas han reforzado su presencia en Ceuta, Melilla, Canarias y Baleares, pero la sensación que trasladan desde la propia frontera es la de estar «atados de pies y manos».
La crisis migratoria que desborda la frontera sur
Marruecos detuvo a 294 personas que intentaban llegar a Ceuta tras difundirse en redes sociales un supuesto rumor de apertura fronteriza. En la ciudad, la Ciudad ha tenido que aumentar un 70% los recursos de limpieza para hacer frente a la situación, y la consejera de Sanidad ha descrito en una entrevista publicada la dependencia de médicos de ONG con una frase incómoda sobre no sentirse europeos.
La Guardia Civil confirmó, según las informaciones publicadas, 15 violaciones en Ceuta desde el inicio de la crisis, además de la detención de una persona con antecedentes por terrorismo buscada por Interpol. Hay quien lee en estas cifras un patrón de presión calculada.
OTAN, PP y el escepticismo ante la respuesta española
Abascal acusó a Sánchez de «abandonar» Ceuta y facilitar su «entrega» a Marruecos, un marco que Vox sostiene. Pero el escepticismo no es solo de la oposición. Circula la idea de que tampoco un Gobierno del PP frenaría gran cosa, y de que la OTAN está para figurar. La confianza en el paraguas aliado se ha ido diluyendo a medida que se acumulan los gestos marroquíes sin respuesta contundente.
En el centro del argumentario aparece también la política interna: se sostiene que años de cesiones a los independentistas han erosionado la posición española, y que la ventana que se abre ahora es la mejor para Marruecos en medio siglo.
Sobre el fondo —cuánto aguanta la frontera, qué cuesta blindar varias demarcaciones a la vez— no hay cálculos en el material. Entre quienes siguen el hilo se repite la idea de que Marruecos no volverá a tener una oportunidad así en décadas y de que algún movimiento habrá.