Madrid, ¿inhabitable en 2035? La profecía de Turiel choca con los datos
¿Puede una ciudad como Madrid alcanzar los 50 grados en apenas una década? Esa es la advertencia que ha lanzado Antonio Turiel, investigador del CSIC, que pronostica que la capital española será inhabitable en 2035 debido al calentamiento global. «Es una temperatura incompatible con la vida humana», asegura el físico. Pero el dato, por alarmante que sea, no cuadra con los registros históricos.
El termómetro no acompaña a la profecía
La estación meteorológica del aeropuerto de Madrid-Barajas, con más de 40.000 operaciones mensuales, tiene su récord de temperatura máxima en 42,2 grados, registrado el 24 de julio de 1995. En los últimos 30 años, esa máxima apenas ha crecido 0,5 grados. Es decir, para llegar a los 50 grados en 2035 haría falta un salto térmico que no se ha visto en tres décadas. «Que se vaya a la mierda», espetaba un usuario, resumiendo el escepticismo de muchos.
Pero no todo es negación. Hay quien señala que, aunque no se batan récords absolutos, el calor se ha vuelto más persistente. En Madrid-Sur, por ejemplo, se han contabilizado 13 días por encima de 38 grados y 33 por encima de 36 grados en lo que va de verano. «Llevamos tres meses de calor con solo unos 15 días de descanso», apunta un observador. Eso no ocurría en los años 80 o 90.
El otro inhabitable: vivienda y presión demográfica
Más allá del clima, hay un argumento que gana peso: Madrid ya es inhabitable por otras razones. La presión sobre la vivienda es brutal. Se estima que la población de origen sudamericano en España supera los ocho millones, y la norteafricana los dos millones. En la Comunidad de Madrid, ese colectivo ocuparía al menos un tercio de las viviendas, lo que dispara los precios y el hacinamiento. «Negar que eso dispara el precio de la vivienda es de necios», se lee en el debate.
La ciudad, además, ha perdido su carácter castizo. Quien la visita se encuentra con un estrés visual insoportable: aglomeraciones, ruido y una transformación que algunos describen como «arrasada». La sensación de que Madrid ya no es habitable para quienes no estén acostumbrados a la selva urbana se repite.
¿Y si el aire acondicionado lo soluciona?
Hay quien recuerda que ciudades como Dubái o Abu Dabi viven en pleno desierto y son perfectamente habitables gracias al aire acondicionado. El calor, en sí, no mata si hay tecnología. El problema es que el calor extremo en Madrid se combina con una urbanización que convierte las calles en hornos: el asfalto y los tejados alcanzan los 65 grados, y trabajar en esas condiciones es un suplicio.
La ironía final: si el cambio climático no nos expulsa, lo hará la vivienda. O quizás ambas cosas a la vez. Mientras tanto, la profecía de Turiel divide aguas: unos la ven como un aviso real, otros como un discurso catastrofista al servicio de una agenda. Lo cierto es que los datos de los últimos 30 años no muestran una tendencia tan abrupta como la que se anuncia. Pero el calor persistente, ese que no se va, ya está cambiando la vida en la capital.