El Madrid fantasma: del globo de Colón a los chalés de un millón
Hubo un tiempo en que el skyline de Madrid iba a incluir un globo terráqueo gigante coronado por una nao, plantado en pleno Retiro. No se construyó. Nunca pasó del papel. Pero el mismo Madrid sí levantó —y luego demolió— un edificio de estilo nórdico junto a la calle de Luchana y un monumento a los caídos en las guerras coloniales. Son los edificios desaparecidos de Madrid que aún sobreviven en viejas fotografías. Hace quince años ya hubo quien sacó estas estampas a la luz y se topó con más burla que interés. Ahora vuelven.
Las colonias obreras que hoy nadie puede pagar
En los años veinte se levantaron en la capital colonias de «hoteles» unifamiliares para empleados de compañías. La de la Unión Eléctrica Madrileña es la que abre el asunto. Cien años después, esas mismas casas se venden cerca del millón de euros, y ningún empleado normal —ni el de la eléctrica— puede permitírselas.
El recorrido lo resume la propia evolución de la vivienda para trabajadores: El Hogar del Ferroviario en Moratalaz (años veinte), la Colonia de San Fermín (años treinta), la Colonia Terol en Carabanchel (años cuarenta) y el Poblado Dirigido de Fuencarral (años cincuenta). Después llegarían los bloques del yugo y las flechas, los francoblocks. Hoy un chalé adosado del Terol se anuncia entre 500.000 y 600.000 euros. La Colonia Pegaso y la de San Cristóbal, frente a las Cuatro Torres, completan la nómina.
El símbolo que Madrid nunca tuvo
Cuando un meteorito o una invasión arrasa París, Roma, Londres o Nueva York en una película, el director sabe exactamente qué plano enseñar volando por los aires. En Madrid, el repertorio se agota en la Puerta de Alcalá. Un emblema de ese calibre debió haberse construido hace un siglo, sostiene la tesis más repetida: aunque pareciera hortera, ataría al instante la imagen de la capital con la épica de los descubrimientos.
El globo del Retiro encajaba en esa lógica. Una esfera gigante con una nao encima habría colocado a Madrid en la misma liga visual de la Torre Eiffel o el Big Ben. Se quedó en proyecto.
Dónde se atasca el relato
La ciudad demolió sin remordimiento aquel eclecticismo noreuropeo de Luchana y sepultó el monumento colonial, sustituido después por una estatua a Bolívar en el Parque del Oeste. Queda alguna cúpula de cebolla centroeuropea entre San Bernardo y Quevedo, sobreviviendo por descuido. La pregunta incómoda no es por qué no se construyó el globo, sino por qué Madrid conserva tan poco de lo que sí construyó. Ahí el análisis se para: sin monumento identificable y con las casas de obreros a precio de millonario, la memoria de la ciudad cotiza al alza justo cuando sus vecinos ya no pueden pagarla.