Un falso Wikileaks y 22 estaciones: el mito del clima como arma
Un tuit de una cuenta que se hace pasar por Wikileaks sostiene que la familia Rothschild ha manejado el clima del planeta durante 47 años. La receta tiene todos los ingredientes del rumor perfecto: una red de 22 estaciones de modificación climática capaces de dirigir huracanes, sequías, inundaciones y terremotos a demanda, un programa bautizado como THRONE CLIMATE, un laberinto de ONG, créditos de carbono y fundaciones de energía verde y una misma oficina familiar en Ginebra. El remate lo pone una operación militar de seis naciones que habría incautado la última estación. Sobre el papel, impecable. Sobre las pruebas, vacío.
Un tuit con pinta de filtración y una cuenta que no es Wikileaks
El texto se difunde como un tuit que imita a Wikileaks. En el debate se señala que la cuenta no es Wikileaks, sino un perfil que se hace pasar por ella. Ahí se cae la mitad del relato, porque toda la historia descansa en esa supuesta autenticidad.
La conexión con la banca europea desde 1815 y el salto a las estaciones climáticas es un salto lógico que el tuit nunca llega a justificar. Lo de siempre: cuanto más largo el laberinto de fundaciones, más difícil de desmentir y más fácil de creer.
Maguferia instantánea soluble, en palabras de quien no se lo tragó.
¿Se puede modificar el clima? Lo que dice la física
En el debate, un participante afirma que con la tecnología HAARP se puede tocar el clima y que se pueden inducir sequías y subidas de temperaturas. Ese extremo no aparece respaldado en el material. El problema empieza cuando se pasa de esa afirmación a mover huracanes y terremotos por encargo.
Otro participante responde con un argumento energético: alterar grandes masas de aire atmosféricas exigiría una cantidad de energía tan grande que no tiene sentido ni plantearlo. La escala no cuadra.
HAARP, sequías y el cielo de cada mañana
El debate se reabre cada vez que amanece con neblina. Un participante sostiene que el clima es un arma desde las primeras pruebas nucleares, y el razonamiento que circula es quién aprieta el botón ahora: si los Rothschild lo han perdido, alguien lo habrá heredado. No importa tanto que sea falso como que alguien pueda hacerlo.
Con el clima convertido en excusa para todo, la niebla de las siete de la mañana acaba siendo prueba de cargo. La energía, la autenticidad de la fuente y el nombre del programa quedan, mientras tanto, sin verificar.
¿Y si el bulo fuera simplemente la versión barata de una pregunta seria sobre la modificación del clima?