El tráfico de migrantes desplaza al hachís como negocio más rentable
Las narcolanchas que cruzaban el Mediterráneo cargadas de hachís ahora transportan personas. Desde la región de Nador, en Marruecos, hasta la costa este de Andalucía, las redes criminales han encontrado un producto más lucrativo: los migrantes. El precio que paga cada pasajero supera con creces el valor de un fardo de hachís, cuyo mercado ha sufrido una caída. Además, el riesgo penal es menor: según el debate, el fiscal rebaja las penas a solo dos meses. Un cambio de negocio que responde a una lógica económica implacable.
La rentabilidad del nuevo negocio
La clave está en el margen por trayecto. Una lancha puede llevar a una veintena de migrantes, cada uno pagando un precio que, sumado, iguala o supera los ingresos de una carga completa de droga. El coste de la embarcación y el combustible es el mismo, pero el riesgo de perder la mercancía se divide entre los pasajeros. Mientras la demanda de migración no caiga, las mafias seguirán jugando a la oferta y la demanda.
El factor penal: penas mínimas
El otro aliciente es la respuesta judicial. Con penas tan bajas como dos meses para los responsables, el negocio se vuelve casi sin riesgo. La fiscalía parece haber bajado la presión, lo que contrasta con la dureza aplicada al narcotráfico. Esta asimetría no pasa desapercibida: algunos analistas señalan que el sistema legal incentiva el delito.
La paradoja de la demanda laboral
Mientras tanto, la economía española sigue necesitando mano de obra, y la inmigración irregular se convierte en un canal para cubrirla. La ironía es que las políticas que pretenden controlar la inmigración pueden estar alimentando el negocio. Lo que se presenta como crisis humanitaria también es un mercado negro en expansión.
El dato que descoloca: en un país que presume de solidaridad, el tráfico de personas se ha vuelto un negocio tan o más rentable que la droga. Y con penas de dos meses, las cuentas cuadran.