El peor trimestre de paro desde 2012 desmonta el relato de Yolanda Díaz
Hay un test que ningún boletín supera: salir a la calle un lunes a media mañana y contar. Ese ejercicio, repetido en cualquier capital de provincia, choca de frente con la foto que se publica cada trimestre. La que rompió el relato llegó con la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2022: el paro creció en 60.800 personas entre julio y septiembre, un 2,1% más que en el trimestre anterior, y firmó el peor arranque otoñal desde 2012. En paralelo, la OCDE y la Unión Europea mantenían el desempleo estable o a la baja, con España escalando hasta el 12,6%. Ese desacople —no la retórica— es el que ha situado a Yolanda Díaz en el centro de todas las críticas.
El comodín de la guerra que dejó de servir
Durante buena parte de 2022, la explicación oficial fue la oleada turística de Ucrania y la inflación importada. El argumento aguantaba mientras media Europa también se resentía. Dejó de aguantar cuando los comparables del entorno mejoraron y España no lo hizo: si el resto de la OCDE resiste, la guerra pasa de causa a coartada. Ahí empieza a resquebrajarse el discurso y a ganar terreno la tesis de que el problema no es coyuntural.
Fijos discontinuos: los ocupados que no salen en la foto del paro
El núcleo técnico del asunto está en una figura que la reforma laboral multiplicó: el fijo discontinuo. Un trabajador con contrato indefinido de este tipo cuenta como ocupado aunque esté inactivo fuera de temporada. Una parte del análisis sostiene que eso maquilla la estadística; la otra responde que homogeneiza derechos y recorta temporalidad. El dato que enciende el debate: en agosto, casi un 40% de los empleos destruidos eran fijos discontinuos. En el Parlamento de Andalucía se aprobó una proposición no de ley para fruta esos periodos de inactividad como paro. El lío es técnico, pero las consecuencias son políticas.
Dos cifras para el mismo paro
Uno de los hallazgos más incómodos es la discrepancia entre organismos. El SEPE publica un número que llega a triplicar el que maneja el ministerio, que se apoya en el INE. Dos organismos, un mismo mercado laboral y lecturas que se separan por cientos de miles de personas. A eso se suma el veredicto externo: la Unión Europea suspendió a España por su Servicio Público de Empleo y lo situó a la cola de los 27. El desglose completo de qué contratos sostienen la cifra oficial —partida a partida— da una radiografía bastante menos amable de lo que sugiere el titular trimestral.
De enero a agosto: el goteo que no cesa
El trimestral no es un accidente aislado. En el peor enero en cuatro años, España destruyó 231.249 empleos tras el fin de la campaña navideña. En agosto, otros 199.300, el peor registro desde 2019, con 21.905 parados más y un 84,3% de los nuevos contratos temporales, a tiempo parcial o fijos discontinuos. El patrón se repite: la cantidad aguanta con alfileres y la calidad se resiente. Frente a ello, la defensa oficial recurre a las medias anuales y a la afiliación bruta, que siempre pinta mejor que el detalle.
Queda el número que descoloca. Los cálculos más repetidos colocan el total de desempleados en 3,8 millones, con la tasa oficial en el 12,6% mientras media Europa respira. Nadie ha logrado explicar por qué el SEPE, la UE y la calle apuntan en direcciones distintas. Quizá porque la respuesta no está en ningún boletín.