Tras el Mundial, la teoría de la conspiración y el lenguaje deshumanizante
La final del Mundial dejó algo más que un resultado deportivo: una ola de teorías conspirativas que apuntan a una supuesta manipulación arbitral y de la FIFA para favorecer a España. El argumentario, difundido en foros y redes sociales, sostiene que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, necesitaba un campeón europeo para asegurarse el apoyo de la UEFA en las próximas elecciones. La designación de un colegiado esloveno con supuesto historial desfavorable para Argentina y el contraste en tarjetas (5 amarillas y una expulsión para Argentina, ninguna para España) serían las pruebas.
La narrativa no se queda en el arbitraje: también apunta a los premios individuales –Balón de Oro para Rodri, botín de oro para Mbappé– como parte de un plan para premiar al fútbol europeo. El problema es que estas acusaciones, carentes de pruebas sólidas, han ido acompañadas en algunos sectores de un lenguaje que deshumaniza al aficionado rival. Términos como «simios» o «macacos» aparecieron para referirse a los seguidores argentinos que denunciaban la conspiración.
Esta mezcla de desinformación y descalificación no es nueva en el deporte rey, pero su intensidad en esta ocasión ha llamado la atención. Lo que comenzó como un análisis sesgado de los datos arbitrales terminó en insultos racistas, evidenciando cómo la pasión futbolística puede derivar en intolerancia. Mientras los organismos deportivos callan, la pregunta queda en el aire: ¿hasta dónde puede llegar el relato de la conspiración antes de que el fútbol pierda algo más que un partido?