Jordi Hurtado cobra 700€ por programa y Julia Otero, 25.000€
La tabla circula con la frialdad de un cuadro de amortización. Un mismo ente público, una misma parrilla y dos planetas:
Julia Otero se lleva 25.000 euros por cada entrega de Días de Tele; Jordi Hurtado, 700 por cada Saber y ganar. Entre uno y otro, un escalafón de veintidós nombres que cae hasta los 200 euros. Son honorarios por programa, no nóminas mensuales, y ese matiz desmonta buena parte de los titulares que corren.
La lista la publicó as.com y se ha reproducido sin retoque. Ordena de mayor a menor lo que TVE paga a sus caras por emisión y deja una foto incómoda para la radiotelevisión pública:
honorarios que van de los 25.000 a los 200 euros bajo el mismo techo y con el mismo pagador, el contribuyente.
Qué cobra cada presentador de TVE por programa
El escalafón completo, según los datos difundidos, queda así:
- Julia Otero (Días de Tele): 25.000 euros
- Juan y Medio (Dúos Increíbles): 20.000
- Ana Morgade (Vamos a llevarnos bien): 20.000
- Luján Argüelles (Brigada Tech): 15.000
- Rodrigo Vázquez (Todos contra 1): 9.000
- María Casado (Las tres puertas, temporada 2): 8.000
- Lorenzo Caprile (Maestros de la costura 5): 7.500
- Raquel Sánchez Silva (Maestros de la costura 5): 7.200
- Xavier Sardà y Raúl Gómez (La gran confusión y Todos contra 1): 7.000
- Toñi Moreno (Plan de tarde): 5.000
- Cayetana Guillén Cuervo (Atención obras): 1.700
- Lourdes Maldonado (Hablando Claro): 1.000
- Quico Taronjí (Aquí la Tierra): 850
- Jordi Hurtado (Saber y ganar): 700
- Carla Fernández Pulpón 'Mapi': 200
La horquilla entre el primer puesto y el último supera el centenar de veces. Y ahí arranca la primera trampa:
comparar peras con manzanas. Un programa diario y uno semanal no valen lo mismo al año, por mucho que la cifra por entrega sea idéntica.
El truco de multiplicar: de 700€ al año a 350.000€
Aquí es donde el asunto se enreda. Un cálculo que circula multiplica los 700 euros de Hurtado por seis programas semanales y llega a
16.800 euros al mes y 201.600 al año antes de impuestos, que con las retenciones se quedarían en unos 100.000 netos. Otra estimación más generosa redondea directamente hasta
30.000 al mes y 350.000 anuales. Ninguna de las dos es una nómina: son extrapolaciones. La cifra real depende de cuántas entregas se emitan, cuántas se repongan y cuánto dure la temporada.
De ahí sale la ironía más repetida: el presentador con más años de casa, el hombre que lleva décadas al frente del mismo concurso, figura en la parte baja de la tabla. La conclusión que se extrae es incómoda para todos los demás.
¿Por qué tiene que existir una televisión pública?
Porque, sostiene una parte del análisis, un país necesita medios que defiendan sus intereses y ofrezcan información que no pague una corporación privada. Ese es el argumento clásico, y sigue en pie sobre el papel.
El problema es el de siempre:
una televisión pública financiada con impuestos es una televisión que alguien usa para contar su versión. En el momento en que entra en política se alinea con unos y contradice a otros, y lo hace con el dinero de quienes no están de acuerdo. La acusación de manipulación ha caído sobre TVE con todos los gobiernos, sin excepción. El que llega cambia los equipos; el que se va los había cambiado antes. Poca gente ve el canal, pero nadie acepta cerrarlo.
No es magia, son tus impuestos, resume la réplica más afilada.
El negocio no está en la cara: las productoras externas
El foco en los presentadores distrae de la partida grande. TVE compra buena parte de su parrilla a productoras privadas, y ahí es donde vuelan los millones.
Mediapro vendió a TVE un reality con Raquel Sánchez Silva por 5,6 millones de euros. La primera temporada de Dúos increíbles costó 9 millones. La octava de Masterchef Celebrity, 7,2 millones. El estreno de El Conquistador del Caribe, 5.653.000 euros.
Puestos en fila, esos contratos explican mejor que ninguna tabla de honorarios dónde acaba el presupuesto. El presentador es la cara; la factura está en otro sitio.
Lo que cambia cuando cambia el Gobierno
Cada relevo en La Moncloa trae su propia remodelación en la casa. Entran directivos nuevos, se van los anteriores y la parrilla se reordena. Quienes defienden el ente público lo atribuyen a la falta de independencia estructural; quienes piden cerrarlo lo usan como prueba de que el modelo no tiene arreglo. Nadie discute el diagnóstico de fondo: se acusa desde hace décadas a la radiotelevisión pública española de funcionar como botín del partido que gobierna.
Lo llamativo es que, con esa queja tan extendida, la reacción mayoritaria no sea desmontarla sino exigir que la maneje el bando propio. Ahí se rompe cualquier consenso posible sobre el modelo.
El detalle que descoloca no está arriba, sino abajo:
la última cifra de la tabla son 200 euros por programa. La distancia con los 25.000 del primer puesto es de dos ceros y medio. Y esa brecha, más que ninguna otra, dice lo que TVE es hoy.