Por qué cada vez que nace un niño, aparece un SUV
En los años 90, tres niños viajaban apretados en la parte trasera de un Renault Clio. Hoy, tener un solo hijo parece exigir un mastodonte de dos toneladas y media. La proliferación de SUV en las calles españolas no responde a una necesidad real de espacio, sino a una combinación de moda, estrategia de fabricantes y, en algunos casos, una falsa sensación de seguridad.
Un dato ilustra la paradoja: un Octavia Combi ofrece 640 litros de maletero, mientras que un Tesla Model Y presume de 854 litros. Pero la altura extra del SUV rara vez se utiliza, y se paga con un centro de gravedad más alto, mayor consumo y peor dinámica. ¿Qué está pasando realmente?
El argumento de la comodidad: ¿mito o realidad?
La dificultad para entrar y salir de un coche bajo es un motivo recurrente entre los defensores del SUV, especialmente entre personas mayores o con problemas de espalda. Sin embargo, un conductor de MX5 afirma que la costumbre lo soluciona en dos días. Otros señalan que la facilidad de acceso que se gana se pierde en maniobrabilidad y eficiencia. La realidad es que muchos compradores de SUV lo hacen por la postura de conducción elevada, que da una falsa sensación de control, no por una necesidad ergonómica real.
La desaparición de las alternativas racionales
Los monovolúmenes y las berlinas familiares, que ofrecían un espacio interior excelente con mejor aerodinámica, han desaparecido del mercado. Renault ya no ofrece el Mégane de combustión, Volkswagen tiene el Passat en mínimos, y los concesionarios están llenos de Tiguan, T-Roc o Tarraco. Los fabricantes han empujado a los consumidores hacia los SUV porque son más rentables: se venden a precios más altos y se dejan de lado los segmentos tradicionales. El resultado es que quien busca un coche familiar práctico se encuentra con que la única oferta nueva es un SUV, muchas veces con un maletero mal aprovechado.
Un ejemplo extremo es el Omoda 9 híbrido enchufable, con 530 CV y 2,3 toneladas de peso, por 40.000 euros. Un vehículo que, en palabras de un crítico, "no sirve ni para el campo ni para la ciudad". Pero se vende porque la moda lo dicta.
¿Y la seguridad?
Los SUV dan una sensación de seguridad por su tamaño y altura, pero los datos muestran que su centro de gravedad elevado los hace más propensos al vuelco. El control electrónico de estabilidad lo enmascara, pero en una situación límite el sobrepeso y la inercia juegan en contra. Además, su enorme peso multiplica la energía cinética, poniendo en riesgo a los ocupantes de vehículos más pequeños y a los peatones.
Cierre: una moda que no tiene freno
El SUV ha conquistado el mercado por la fuerza del marketing y la desaparición de alternativas racionales. Mientras los conductores sigan creyendo que necesitan un tanque para llevar a un niño al cole, y los fabricantes sigan suprimiendo berlinas y monovolúmenes, las calles seguirán llenas de estos mastodontes. La pregunta que queda en el aire es cuándo empezarán a pagarse las consecuencias en forma de accidentes, congestión y emisiones.
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