¿Qué hay detrás del desprecio a Marta García Aller?
Un hilo con poco más de diez respuestas condensa en pocas líneas el cóctel habitual que reciben las periodistas con proyección pública: deseo sexual apenas disimulado, insulto político y descalificación profesional. La analista de Onda Cero y LaSexta se convierte en blanco de una corriente que la reduce a objeto sexual —«me aferro a esas domingas como un koala»— mientras la etiquetan como «feminazi» o «hermana pensante de Irene Montero».
La mezcla de morbo y sectarismo
Quienes la critican no se molestan en rebatir sus argumentos; prefieren caricaturizarla con las gafas de «sabelotodo» o llamarla «hija tonta de Alsina». La misma persona que la desea sexualmente la acusa de pertenecer a Podemos. La coherencia no es el fuerte: se la ataca por lista, por creída y, a la vez, por no ser nada del otro mundo.
Un patrón que se repite
No es un caso aislado. Cada vez que una mujer gana espacio en los debates públicos, aparece la misma técnica: primero, sexualizarla; segundo, vincularla a la izquierda radical; tercero, negarle autoridad. La suma de estos tres golpes busca desactivar su voz sin tener que escucharla.
La paradoja es que, cuanto más se la ataca con esa mezcla de morbo y sectarismo, más grande se hace la sombra que proyecta. El ruido no oculta el fondo: detrás del caliqueño hay miedo a que una mujer opine sin pedir permiso.
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