El paro baja del 10%: ¿es fiable la cifra que celebra el Gobierno?
La tasa de desempleo ha caído por debajo del 10% por primera vez desde 2008, según los datos oficiales recogidos por La Vanguardia. El dato, que el Gobierno presenta como un triunfo de las "perronomics", ha sido recibido con escepticismo en amplios sectores. Las preguntas que surgen son inmediatas: ¿qué pasa con los sueldos? ¿Y con la calidad del empleo?
El escepticismo sobre las cifras
No falta quien sostiene que el dato no es ni bueno ni malo, sino falso directamente. Se apunta a una supuesta manipulación estadística que inflaría el descenso. Aunque la cifra oficial es la que es, el debate se centra en lo que el indicador no captura: precariedad, temporalidad y empleo a tiempo parcial involuntario. La pregunta "¿y los sueldos?" resume el malestar de quienes ven que la recuperación no llega a sus bolsillos.
Inmigración y la paradoja del mercado laboral
Un aspecto curioso del debate es cómo la narrativa sobre inmigración se adapta a cualquier dato. Si el paro está bajo, se dice que faltan trabajadores; si está alto, que hace falta inmigración para dinamizar la economía. En este caso, con el desempleo en mínimos, se sigue insistiendo en la necesidad de importar mano de obra. Para algunos, esta dialéctica encubre una agenda de tercermundismo que ya se nota en barrios y servicios públicos. El argumento de que "hacen falta millones de inmigrantes" se repite independientemente de la tasa de paro, lo que genera desconfianza.
Ecos de 2010: ¿historia repetida?
La coincidencia con la victoria de la selección española en el Mundial de fútbol de 2026 —la segunda tras la de 2010— ha llevado a algunos a recordar la crisis que estalló entonces. Aquel año, el gobierno de Zapatero presumía de "brotes verdes" mientras la economía se desmoronaba, hasta que los recortes se impusieron desde Bruselas. La analogía es tentadora: cuando el indicador estrella sonríe, conviene mirar más allá. La historia no se repite, pero a veces rima.
Por ahora, el paro baja, el mundial se gana, y la economía sigue sin convencer a los que la viven día a día. Tal vez la próxima vez que veamos una cifra récord, merezca la pena preguntarse qué hay detrás.