La inflación dispara el uso de tarjetas de crédito para llegar a fin de mes
Un 40 euros más por la luz, otro 40 por el gas, 100 por la cesta de la compra, 100 por la hipoteca y 50 por la gasolina. La suma no cuadra con el sueldo de la mayoría de las familias españolas, y la solución que están encontrando los bancos es la más vieja del mundo: financiar la diferencia con plástico. Los datos internos de las entidades, adelantados por El Confidencial, muestran que los clientes recurren cada vez más a las tarjetas de crédito en sus compras del día a día y piden aplazar y fraccionar los pagos.
El coste de la cesta ya no cabe en el bolsillo
La inflación se ha convertido en un impuesto invisible que se cuela en cada factura. Los sobrecostes que citan los bancos son demoledores: 40 euros más de luz, 40 de gas, 100 de la compra, 100 de la hipoteca y 50 de gasolina. Eso son 330 euros al mes que no estaban en el presupuesto. Para muchas familias, la única manera de cuadrar las cuentas es pedir prestado. Y no solo para grandes compras: también para el supermercado.
Crédito fácil, consumo difícil de frenar
La banca ha visto el filón. Las tarjetas revolving, con intereses que superan el 20% en muchos casos, se han convertido en el «colchón» de los hogares. Algunos analistas las califican de «locura» que debería ser ilegal en un país mínimamente serio. Pero el crédito no es solo para emergencias. En tiendas como Fnac o MediaMarkt, el precio del producto se oculta en favor de la cuota mensual financiada. Un portátil de 500 euros se convierte en «20 euros al mes». La tentación es evidente, y la cultura del consumo a plazos se extiende como una mancha.
¿Crisis o espejismo? Las terrazas llenas y el endeudamiento moderado
Hay quien sostiene que el apocalipsis no ha llegado: las terrazas están llenas, las hipotecas se firman a ritmo récord y la deuda de las familias españolas se sitúa en el 43% del PIB, muy lejos del 64% que se alcanzó en 2002. Esa lectura choca con la realidad de quienes ven cómo su poder adquisitivo se evapora. Los sueldos llevan congelados desde 2008 y la inflación se ha comido el aumento nominal. La pérdida de poder adquisitivo es brutal, y el crédito es el analgésico que la enmascara.
La paradoja final
El dato que descoloca: mientras las familias piden crédito para pagar la compra, las terrazas siguen llenas. La paradoja de una economía que se endeuda para mantener el consumo, pero que no se endeuda para invertir. El modelo estadounidense de credit score, donde el endeudamiento es una virtud, se va imponiendo. Pero en España, la cultura del «no pagar» sigue viva, y la pregunta es cuánto tiempo podrá sostenerse el equilibrio entre el crédito fácil y la factura de la inflación.