Cucarachas: ni plaga que exterminar ni mascota a la que sonreír
¿Mata usted la cucaracha que aparece en el baño a medianoche o la escolta hasta la puerta con un cepillo? La respuesta divide a los participantes en el debate, y la divergencia no es pequeña: para unos el zapatazo es un reflejo inevitable, para otros sacarlas vivas a la calle es lo único civilizado. Lo que nadie discute es el punto de partida. La cucaracha doméstica vive donde no se ve, corre más de lo que a uno le gustaría y carga con más de lo que aparenta.
Por qué el asco a las cucarachas es cultural
Hay un caso que se cita como prueba de que el rechazo no viene de fábrica. Una ciudadana holandesa residente en España contó que la primera vez que vio una cucaracha aquí, porque en su país son raras o no existen, le pareció un animal precioso: llamó a su compañera de piso, española, para que la admirara. La compañera chilló como si hubiera visto un marciano. La visitante tardó en entender que aquí el bicho despierta un rechazo casi unánime, y lo atribuyó a algo inculcado, no a un instinto. Algunos participantes relacionan ese rechazo con un miedo atávico a la suciedad y a la enfermedad: hay quien sostiene que el pánico a los ratones nació de las pulgas que portaban y de la peste, y que hoy ya no tiene sentido.
Parásitos, E. coli y el argumento del reciclador
En el otro plato de la balanza está lo que, según detallan algunos participantes, la cucaracha transporta: parásitos intestinales, huevos de gusanos, hongos y ácaros, además de bacterias capaces de contaminar alimentos. Frente a eso se levanta el argumento ecológico: insectos como cucarachas, hormigas y moscas consumen residuos orgánicos e impiden que proliferen nuevas bacterias, de modo que actuarían como camiones de la basura del ecosistema. La contrarréplica es que ese hueco lo ocuparía otro animal con menos apetito por nuestra despensa, y que el ecosistema ya tenía descomponedores antes: escarabajos, moscas necrófagas, hongos. Donde hay una cucaracha, insisten los más beligerantes, hay una colonia entera detrás de la pared.
Pisos altos, humedad y cucarachas que vuelan
El factor geográfico pesa: un participante apunta que las viviendas de zonas costeras, sobre todo los bajos, concentran el problema, con calor, humedad y entradas por respiraderos, sumideros y patios. Aun así, hay testimonios de cucarachas entrando volando por el balcón de un quinto o sexto piso en Valencia, algo que, según ese relato, al dueño no le pareció tan raro. También se describe que emiten chillidos. Y circula una advertencia que se repite como un mantra: aplastarlas dentro de casa libera unos líquidos que atraen a más, de modo que lo prudente es sacarlas o recurrir al spray.
Sobre la mesa quedan dos relatos incompatibles. Para unos es una criatura social que reconoce a los miembros de su colonia por el olor, se deja entrenar en laboratorio y solo intenta sobrevivir. Para otros es un vector sanitario con patas y antenas. La escoba, por ahora, no opina.