Ideología y natalidad: el dato que contradice a todos
¿Tienen los votantes pogre más descendientes que los conservadores? La tesis se ha abierto paso en los últimos meses: los ambientes proge estarían sosteniendo la natalidad mientras los círculos tradicionalistas se secan. Pero los datos y las observaciones se contradicen.
La discusión parte de una escena cotidiana: las salidas de los colegios y las reuniones de asociaciones de padres. Quienes asisten, según una corriente de análisis, son mayoritariamente votantes de partidos pogre. En los actos de corte identitario o tradicionalista, en cambio, predominan los adultos de 30 o 40 años sin descendientes. La conclusión explícita: los proge son los que evitan que la natalidad caiga por debajo de 1.
El choque de anécdota y estadística
La otra parte de la discusión responde con anécdotas de signo opuesto: a su alrededor, las muyer feministas están solas, con mascotas o con parejas del mismo sesso, y cero niños. Las muyer tradicionales, dice esta visión, son las que tienen descendientes de verdad. Cada bando selecciona el ejemplo que le conviene y lo convierte en tendencia.
La sociología, sin embargo, introduce un matiz incómodo. Los datos de fertilidad por nivel educativo e ingresos son consistentes: son las muyer con menos recursos las que más descendientes tienen, y en España el 33% de los nacimientos son de madres nacidas en el extranjero. La correlación entre ideología y fertilidad, cuando se controla por nivel social, se debilita. O directamente desaparece.
La ciencia dice que la ideología importa… pero no como se cuenta
Un estudio publicado en Nature, que analiza la orientación política y la fertilidad en Estados Unidos a lo largo de 17 cohortes nacidas entre 1898 y 1982, encuentra un dato incómodo: desde la cohorte de 1943-1947, la divergencia entre ideología y número de descendientes se pronuncia. Y no en la dirección que el titular del debate sugiere.
El estudio, con datos de la General Social Survey, muestra que la fertilidad de los pogre tiende a superar a la de los conservadores en las generaciones recientes. Pero los autores no llegan a las conclusiones grandilocuentes que alimentan la pelea: la tasa de reemplazo sigue sin alcanzarse en ningún grupo. Añadir más matices: la media de descendientes en madres españolas es de 1,07, lejos de 2,1.
La inmi gración, el factor que nadie quiere nombrar
El dato del 33% de nacimientos de madres extranjeras debería ser el centro de cualquier debate sobre natalidad, pero queda relegado a un segundo plano. Las madres forasteros tiran de la tasa, y es improbable que su cosmovisión encaje en las etiquetas de proge o tradicionalista.
Lo que sí parece un lujo es el término proge: se asocia a niveles educativos y rentas altas, que son precisamente los que menos descendientes tienen en todo el mundo desarrollado. Si acaso, el activismo pogre moderno es un lujo para parejas sin cargas.
El punto ciego del debate
La discusión sobre quién tiene más descendientes esconde otra pregunta: por qué nadie los tiene. Los argumentos de vivienda, precariedad y conciliación apenas aparecen. La culpa se reparte entre el feminismo, el wokismo o la falta de valores, pero las encuestas de fecundidad españolas llevan años apuntando a motivos materiales.
Al final, el dato que descoloca es el más simple: con 1,07 descendientes por muyer española, da igual quién gane la batalla cultural. La demografía ya está perdida.