La pantomima de las 37,5 horas: PP, Vox y Junts vuelven a hacer piña contra el currela
La propuesta de reducir la jornada laboral a 37,5 horas semanales ha sido tumbada en el Congreso con los votos en contra de PP, Vox y Junts. La jugada, orquestada a través de un decreto ley que ni siquiera se negoció en condiciones, deja al descubierto lo que muchos ya sabían: cuando se trata de tocar los privilegios del empresario, la derecha y los nacionalistas de derechas cierran filas. Lo que no se dice es que los datos de productividad y horas trabajadas en España ya son un desastre comparado con Europa, y que esta reforma, lejos de ser un disparate, habría puesto a España en línea con Francia o Alemania.
Los argumentos en contra han sido de manual: que la reducción de jornada aumenta costes y provoca inflación, que los trabajadores son vagos, que los funcionarios no trabajan, que la productividad está estancada. Pero quienes defienden la medida señalan que la experiencia internacional demuestra justo lo contrario: menos horas no han disparado los precios, sino que han impulsado la productividad y la calidad de vida. En España se trabajan de media 150 horas más al año que en Francia, donde cobran un 30% más, y Alemania va por delante en ambos frentes.
El teatro de los partidos: todos al servicio del mismo amo
La votación ha sido un ejemplo de cómo funciona realmente el sistema. El PSOE mete la reforma por decreto, sabiendo que no tiene los números, para luego culpar a la oposición. PP y Vox se rasgan las vestiduras hablando de "dislate económico", pero sus argumentos se caen con solo mirar los convenios colectivos: la jornada media pactada ya es de 38,3 horas semanales, y muchos sectores llevan años sin llegar a las 40. Junts, por su parte, ha votado en contra solo para marcar perfil independentista, pero en el fondo comparten la misma agenda neoliberal.
El debate ha dejado claro que lo que realmente importa no son las horas, sino la productividad y el reparto de la riqueza. Mientras tanto, el gobierno se dedica a subir impuestos a autónomos y a traer mano de obra barata, mientras la cesta de la compra no para de subir. La broma de la reducción de jornada es solo eso: una broma para que el currito se crea que algo cambia.
Los datos que la prensa oficial no quiere ver
Según datos del debate, en España se trabajan 150 horas más al año que en Francia, con salarios un 30% menores. La productividad lleva estancada más de dos décadas, y el Banco de España ya ha advertido que tendremos que trabajar más años para compensar la quiebra del sistema de pensiones. Pero en lugar de atajar el problema de fondo -la desindustrialización, la inflación desbocada y la precariedad- los políticos prefieren pelearse por 2,5 horas semanales.
Lo más revelador es que muchos trabajadores se oponen a la medida, víctimas de una alienación que les lleva a defender los intereses de sus jefes. Escuchas a un "currito" decir que esto va a disparar los precios, cuando la evidencia de otros países muestra lo contrario. El problema no son las horas, es la mentalidad de esclavo que han logrado inculcar en una parte de la población.
La pregunta que queda en el aire: si la jornada media ya está por debajo de 40 horas en muchos convenios, ¿por qué demonios se oponen a fijarla por ley? La respuesta es sencilla: porque perderían el control sobre los trabajadores y tendrían que negociar de verdad. Mientras tanto, el circo continúa.
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