Pasarela al RETA: cuando pagar menos da los mismos derechos
Abogados, médicos e ingenieros que cotizaron la mitad durante décadas a mutuas alternativas pretenden ahora pasarse al RETA con idénticas condiciones que los autónomos que han pagado el tipo máximo. La paradoja es tan burda que el Gobierno, lejos de frenarla, parece dispuesto a aprobarla. El relato oficial es que se regulariza una deuda histórica; la lectura alternativa, que se compran votos a costa de reventar lo que queda del sistema contributivo.
Los datos cantan. Un autónomo del RETA con cuota máxima ha ingresado en la Seguridad Social —vía cotizaciones— cifras muy superiores a las de un mutualista de la abogacía, cuyas cuotas podían ser hasta un 50% inferiores. Ahora, con la pasarela, ambos accederían a la misma pensión pública. La pregunta es obvia: ¿quién paga el pato? Respuesta: los que han cumplido.
Un sistema que premia a quien menos aporta
La propuesta inicial de conversión uno a uno para mayores de 52 años y 0,77 para los menores se ha tornado, según las últimas filtraciones, en un sistema de capitalización. Es decir, se mira el dinero acumulado en la mutua —sin actualizar por inflación— y se divide entre los años cotizados al RETA. El resultado: años de cotización exiguos, y la posibilidad de que el Estado ofrezca «comprar» años adicionales. Es decir, pagar por adelantado lo que no se cotizó. El negocio redondo para Hacienda: ingreso inmediato, gasto diferido.
Hay quien sostiene que esto ya no es una pasarela, sino una puerta giratoria hacia la mochila austriaca. Si el sistema se orienta a la capitalización individual, como apuntan los planes europeos y el programa del PP, el debate actual es sólo el aperitivo. La pensión futura, advierten, será lo puesto.
El drama de los autónomos: pagamos dos veces
Mientras tanto, el autónomo medio que ha estado años asfixiado por unas cuotas que no se corresponden con sus ingresos reales ve cómo aquellos con sueldos más altos y menos esfuerzo contributivo se suben al mismo vagón. La sensación de haber sido el tonto del bote recorre el colectivo. Algunos reclaman que, si hay pasarela, debería acompañarse de la devolución de lo cotizado de más. Otros ya dan por perdido el sistema y abogan por un modelo como el neerlandés: pensión mínima universal y que cada cual se busque la vida.
La ironía final: el sistema de reparto agoniza, y en lugar de inyectarle recursos, se permite una operación que reduce el déficit de la Seguridad Social a corto plazo —más cotizantes— pero lo hipoteca a largo plazo, cuando esos nuevos jubilados sin apenas aportaciones reales reclamen su pensión. ¿Y entonces? Entonces, que se lo coma otro.