El Tesoro de Villena: 10 kilos de oro de 3.000 años robados en cinco minutos
La paradoja es difícil de digerir: un conjunto de orfebrería de la Edad del Bronce, considerado uno de los más valiosos de Europa, custodiado en un museo municipal con medidas de seguridad que, según quienes lo han visitado, eran «prácticamente cero». En la madrugada del jueves, el Tesoro de Villena desapareció del Muvi. Diez kilos de oro, 11 cuencos, 28 brazaletes y tres botellas, datados alrededor del año 1.000 a.C., se esfumaron en menos de cinco minutos. La alarma sonó, pero cuando las fuerzas de seguridad llegaron, los ladrones ya habían abandonado el edificio.
Un robo exprés con alarma y sin respuesta
El modus operandi, según las primeras informaciones, fue sencillo: forzar una ventana y vaciar la vitrina. Testigos presenciales avisaron de dos coches de alta gama circulando a gran velocidad por la A31, cerca de la zona del robo, pero ningún dispositivo de persecución se activó. La comparación con el robo del Louvre, donde los ladrones se hicieron pasar por obreros y tardaron horas, resulta casi humillante. Aquí bastó un cristal roto y un par de minutos.
La pregunta que planea sobre la investigación es si el oro ya está fundido. Los investigadores, según apuntan las fuentes, no descartan que las piezas hayan sido fundidas para su venta en el mercado negro, lo que supondría la pérdida definitiva de un patrimonio irremplazable. Y hay un detalle que duele aún más: entre las joyas había una pieza de hierro meteórico, la más valiosa de todo el conjunto, que los ladrones se dejaron atrás. Eso indica que iban a por el metal precioso, no a por la historia.
El patrón se repite: Badajoz, Albacete y Villena
No es un caso aislado. En lo que va de año, se han producido robos similares en los museos de Badajoz y Albacete. En todos, el mismo método: forzar una ventana y llevarse las piezas de la vitrina. La coincidencia no es casual. Los expertos señalan que estos museos, a menudo de titularidad municipal, carecen de los sistemas de seguridad adecuados para custodiar piezas de semejante valor. La descentralización del patrimonio, que en teoría acerca la cultura al ciudadano, se ha convertido en una invitación al expolio.
La guerra de competencias: ¿quién es el responsable?
Mientras las piezas siguen sin aparecer, la batalla política ya ha comenzado. El Ministerio de Cultura tardó cinco días en emitir una circular de alerta, lo que ha puesto en el punto de mira al ministro Ernest Urtasun. La Generalitat Valenciana, por su parte, no respondió a las peticiones del Ministerio para reforzar la seguridad en los museos antes del robo. Y el Ayuntamiento de Villena, gobernado por el PSOE, se enfrenta a críticas por haber recortado la seguridad del museo. Cada administración señala a la otra, mientras el patrimonio se pierde.
La solución que nadie quiere: réplicas y originales bajo llave
El debate de fondo es incómodo. ¿Tiene sentido que un tesoro de esta magnitud esté expuesto en un museo de pueblo con medidas de seguridad deficientes? Muchos expertos abogan por trasladar las piezas originales al Museo Arqueológico Nacional o, al menos, a un museo con garantías, y exhibir réplicas en los museos locales. Pero la resistencia de los municipios a ceder sus tesoros es férrea. El resultado es que piezas únicas duermen en vitrinas de cristal que se rompen como papel de fumar.
Mientras tanto, las piezas del Tesoro de Villena podrían estar ya fundidas en lingotes o en la vitrina de algún coleccionista sin escrúpulos. ¿Cuántos tesoros más tendrán que desaparecer para que alguien tome una decisión?