Alaya a los 63: la jueza que sigue partiendo la opinión
A los 63 años, la jueza Alaya sigue acumulando titulares, aunque esta vez no sea por sus causas judiciales. La paradoja es evidente: una carrera vinculada a la lucha contra la corrupción ha acabado convertida en objeto de crónica social. La conversación pública se divide entre quienes la consideran una heroína de España y quienes la describen como una mujer amargada y con la carrera truncada por presiones políticas.
El detalle de los zapatos
El último frente abierto tiene que ver con su vestimenta. Un comentario crítico con sus zapatos, asegurando que «mucho estudio» no basta para entender que no se adaptan a la anatomía del pie, ha dado la vuelta a las redes. Hay quien va más lejos: para qué tanto cuidado estético si luego se pasa la jornada sentada en un sillón, esperando a que los funcionarios le acerquen los papeles.
Entre heroína y amargada
En el lado opuesto, sus defensores la elevan a símbolo: una magistrada que plantó cara al poder y que, a los 63, sigue siendo temida. Ahí resuena la comparación, no precisamente amable, con la política Macarena Olona, otra mujer pública sacudida por los mismos reproches: amargura y presunto consumo de ansiolíticos con champán. Los críticos sostienen que los «progres» le han destrozado la carrera; los admiradores creen que su legado es imborrable.
La pregunta que queda en el aire: ¿se recordará a Alaya por sus casos o por sus zapatos? A sus 63, el veredicto de la opinión pública sigue tan dividido como el día en que se sentó en el banquillo de los acusadores.