La hostelería de A Coruña sufre un julio negro pese a la ciudad llena
Julio ha sido un mes nefasto para bares y restaurantes de A Coruña. La ciudad estaba llena de visitantes, pero la caja no cuadra. El propio sector lo resume sin rodeos: «Ha sido un mes nefasto». El Mundial dio algo de aire a los locales con pantallas y a los situados junto a María Pita, pero no compensó el resto.
La explicación económica apunta a una combinación de inflación disparada y sueldos estancados. El consumo en hostelería es uno de los primeros indicadores que se resienten cuando las familias aprietan. El ejemplo de un café con hielo a 2,30 euros ilustra el punto: cuando el precio duele, el cliente se queda en casa. Y no es un caso aislado, sino la punta de lanza de un cambio de hábitos.
El turista que ya no paga en el bar
El debate de fondo es si el modelo turístico de la ciudad está agotado. Hay quien sostiene que el visitante actual llega con poco presupuesto y prefiere comprar en el supermercado antes que sentarse en un restaurante. A la vez, aflora una tensión clásica: la ciudad quiere el dinero del turista, pero no siempre al turista. Ese rechazo al visitante de bajo gasto es una corriente que existe en muchos destinos, y A Coruña no es una excepción.
Un otoño incierto
Con la temporada alta terminando, el sector se enfrenta a un otoño complicado. Si el consumo no remonta, la crisis se trasladará a cierres y ajustes de plantilla. Aunque en Galicia, como se apunta, siempre hay quien piensa que la abundancia es cosa de otros.