Alvise Pérez: un año después, ni sueldo sorteado ni información revelada
Un año después de su aterrizaje en el Parlamento Europeo, Alvise Pérez ha reconocido que no ha sorteado su salario de eurodiputado. La confesión, recogida en una intervención pública, ha reabierto el debate sobre la coherencia del político que irrumpió prometiendo transparencia radical y donación de su sueldo. Ni lo uno ni lo otro. Sus votantes más ruidosos han pasado del fervor al silencio, y no es casualidad.
La promesa que se esfumó
Durante la campaña de las elecciones europeas de 2024, Alvise Pérez aseguró que, de llegar a Bruselas, sortearía su sueldo entre sus seguidores. La oferta era parte de un discurso antisistema que prometía usar la inmunidad parlamentaria para destapar supuestos fraudes. Un año después, el propio Pérez admite que no ha cumplido: el sueldo íntegro –que ronda los 100.000 euros anuales brutos más dietas– ha ido a su bolsillo. «Me pego la vidorra padre con las dietas», resumía un crítico en las redes. El dato no admite matices: cero información revelada, cero sueldo donado.
El votante, entre la decepción y el postureo
El perfil del votante de Alvise es peculiar: muchos le dieron su voto como «voto castigo» para saber si sus denuncias eran ciertas. Tras el reconocimiento, algunos admiten que «ya sabían que era igual que los demás», pero otros redoblan la defensa con argumentos que van desde «todos roban» hasta «cobraba 800.000 euros antes, no necesita ese dinero». La contradicción es evidente: si ya era rico, donar el sueldo debería ser más fácil. El silencio de sus defensores más acérrimos es elocuente; cuando se les pide que expliquen los resultados, cambian de tema o apelan a una supuesta persecución judicial.
El espejismo de la excepción
Una de las excusas recurrentes es que «todos los políticos hacen lo mismo». Pero Alvise no se presentó como uno más: construyó su marca sobre la excepción. «Votar a este tipo es de retrasados, pero encima sabe que le votan retrasados premium», ironizaba un comentarista. La realidad es que, con los mismos beneficios que el resto de eurodiputados –inmunidad, dietas, sueldo–, Pérez no ha presentado ni una iniciativa relevante ni ha destapado la gran conspiración que prometía. El balance es cero, salvo por el incremento patrimonial del propio político.
¿Qué ha hecho realmente en Bruselas?
Más allá del sueldo, la actividad parlamentaria de Alvise Pérez es inexistente. Ni preguntas, ni informes, ni propuestas. Sus seguidores lo justifican diciendo que «está dentro y nos cuenta todo», pero el único contenido que genera son vídeos monetizados y, según algunas fuentes, incluso ha intentado rentabilizar la muerte de una persona. La pregunta que flota en el ambiente es: ¿para qué sirve un escaño si no se usa? La respuesta, para el bolsillo de su titular.
El caso de Alvise Pérez es un manual de cómo el discurso antisistema puede ser rentable sin necesidad de cumplir. Sus votantes, atrapados en la promesa de la excepción, han ido callando a medida que los hechos desmentían las palabras. La próxima cita electoral será la prueba definitiva: si el «efecto Alvise» se desinfla tanto como su sueldo sin sortear.