La final del Mundial 2030 volará a Casablanca y deja a España como convidado de piedra
España acaba de ganar el Mundial de 2026, pero su capacidad de negociación para la edición de 2030 parece haberse evaporado. La final se jugará en Marruecos, según filtraciones que circulan desde hace días. El gobierno español no puede oponerse, atado de manos por la candidatura conjunta con Portugal y Marruecos. La pregunta no es si la final se va, sino qué gana realmente España aceptando un papel secundario.
El giro de guion: de ganar el Mundial a perder la final
Tener la Copa del Mundo en casa no ha servido de palanca. La coyuntura política –el giro de Pedro Sánchez hacia Marruecos tras el Sáhara– y la inestabilidad en la Federación tras el caso Rubiales han debilitado la posición española. Mientras, Marruecos ha movido sus fichas en la FIFA con eficacia. El resultado es que el partido decisivo se disputará en el estadio de Casablanca, con 9.000 plazas VIP, según datos difundidos por la radio. Una cifra que no oculta la asimetría: Marruecos, con casi 40 millones de habitantes, tiene un PIB inferior al de Andalucía, que no llega a 9 millones.
Las cifras de la polémica: infraestructuras, VIP y el PIB marroquí
La comparativa es demoledora. Mientras Madrid, Barcelona, Sevilla o Bilbao cuentan con infraestructuras de primer nivel, Casablanca no tiene metro y su aeropuerto queda lejos de Barajas. Sin embargo, la FIFA premia la oferta marroquí con la final, y las constructoras españolas –con ACS a la cabeza– ya trabajan en el estadio. 60 millones de euros por partido cuesta a las ciudades sede, según estimaciones que circulan. Una factura que la federación española podría ahorrarse si las ciudades se retiraran, como algunos proponen.
El negocio detrás del fútbol: ACS, Florentino y los 10 millones de la FIFA
Detrás de la decisión hay intereses que trascienden el deporte. ACS, presidida por Florentino Pérez, construye el estadio de Casablanca. La FIFA, por su parte, compensaría a la Federación Española con 10 millones de euros. Un acuerdo que algunos califican de “soborno encubierto” para que España no proteste. Mientras, hoteleros y pequeños empresarios españoles pierden la oportunidad de disparar precios durante el torneo.
¿Qué gana España? Turismo, costes y el riesgo de ser el “tonto útil”
Los defensores del modelo conjunto argumentan que España sigue siendo sede de partidos y se beneficia del turismo asociado, pero la realidad es que el gran premio –la final– se va. La candidatura se vendió como un trampolín para Marruecos, no para España. El país anfitrión siempre es el más fuerte, y aquí Marruecos se lleva el foco. El riesgo es que España termine haciendo de “soporte” logístico para el régimen marroquí, blanqueando su imagen a cambio de nada.
Queda una pregunta abierta: si la final es en Marruecos, ¿merece la pena seguir invirtiendo en un Mundial que ya no es el nuestro?