Eric Finch
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https://paralalibertad.org/la-espana-de-2027-no-se-parecera-a-nada-que-hayas-conocido-antes/ La España de 2027…
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España en 2027 experimentará una transformación profunda, marcada por un giro a la derecha, el impacto de la inmigración y la creciente influencia del voto extranjero, redefiniendo el panorama político y social.
La España que nos espera en 2027 se perfila como un país radicalmente distinto al que conocíamos hace apenas ocho años. Las encuestas, incluidas las del propio periódico El Español, apuntan a un desplazamiento sociológico innegable hacia la derecha. Este fenómeno no es casual, sino una reacción a lo que algunos analistas consideran una "reacción feral de rechazo ciudadano" hacia la figura del presidente Pedro Sánchez, quien ha generado una respuesta visceral que ningún otro mandatario había provocado en décadas.
La idea de España como un país intrínsecamente socialdemócrata, un cliché que muchos compartimos durante años, parece desmoronarse. La realidad, según esta perspectiva, es que España ha tenido una aversión instintiva a la responsabilidad individual, una suerte de catolicismo con una visión infantil del libre albedrío. El ciudadano, se argumenta, tenderá a seguir a quien le garantice un nivel de vida aceptable, aunque sea subsidiado, sin importar demasiado las implicaciones. El Ingreso Mínimo Vital (IMV) se presenta como un ejemplo de este "régimen de cómoda semiesclavitud", manteniendo al ciudadano al borde del abismo pero sostenido por el voto.
La izquierda, por su parte, se encuentra en mínimos históricos, con menos voto que en épocas de Alfredo Pérez Rubalcaba o Cayo Lara. La presencia de figuras como Alvise en la derecha, que capitaliza el voto conservador, se percibe como un factor que, paradójicamente, beneficia a Pedro Sánchez al fragmentar el electorado contrario. La estrategia de Sánchez parece ser la de absorber el voto de su izquierda, pero con el riesgo de que un renacido partido de extrema izquierda, como el Podemos de 2016-17, pudiera dejar al PSOE en una posición muy debilitada, incluso rozando la extinción política. La suerte de Sánchez radica, en parte, en la actual debilidad y falta de cohesión de la izquierda, descrita como un elenco de "narcisistas adolescentes" más preocupados por la autopromoción que por la política real.
Mirando hacia 2027, un factor determinante será el censo electoral y, sobre todo, el peso del voto extranjero. Las elecciones de 2031, en caso de resultados ajustados, podrían ser decididas por votantes que residen fuera de España o que nunca han pisado el país, pero que tienen derecho a voto. Este voto CERA (Censo de Residentes Ausentes) se compara con la influencia histórica de partidos como CiU o PNV. El error, se advierte, sería considerar este voto como ideológico; se sostiene que será, ante todo, identitario.
La inmigración masiva, aquella que ha superado una masa crítica suficiente como para no necesitar integrarse plenamente en la sociedad de acogida, plantea otro desafío. La premisa de que se adaptará a los valores culturales de España choca con la idea de que puede reproducir aquellos de los que sus miembros huyeron. El fundador de la Singapur moderna, Lee Kuan Yew, ya advirtió en su momento que los sesgos raciales y las preferencias por la propia etnia son instintos profundos y difíciles de erradicar. La tentación de los políticos de creerse capaces de resolver la complejidad de una sociedad multicultural, donde tantos han fracasado, se considera una forma de mesianismo. La humildad, se sugiere, es la mejor cura contra la ingeniería social.
El argumento de que la inmigración era necesaria para sostener las pensiones y el Estado del bienestar se ve cuestionado por la realidad actual: pensiones en quiebra, retraso en la edad de jubilación, mercado inmobiliario colapsado, salarios estancados durante dos décadas, sanidad y transporte público degradados, aumento de la delincuencia y resultados educativos deficientes. La idea de que el problema es la falta de inmigrantes, en lugar de la gestión de la inmigración existente, se tacha de "mentira". El voto a partidos como la AfD en Alemania se presenta como una consecuencia de ciudadanos que han llegado a sus propias conclusiones ante la falta de respuestas políticas.
El PP se enfrenta a una ventana de oportunidad crucial en las elecciones de 2027, una "bala" que no puede desperdiciar, a diferencia de lo ocurrido en comicios anteriores. La derecha, se argumenta, no está votando candidatos, sino ideas, aunque figuras como Alberto Núñez Feijóo o Santiago Abascal no sean comparables a líderes internacionales como Javier Milei, Nayib Bukele o Giorgia Meloni. La mentalidad de "perdedor digno", una herencia mal entendida del catolicismo, podría ser un obstáculo.
La izquierda, por su parte, parece haber agotado sus ideas y recurre a alianzas estratégicas, incluso con el islam, en una apuesta arriesgada que podría revertirse. El mundo de 2026 no es el de 1992; Europa se describe como una "maquinaria de estancamiento" donde ya nada renta, ni el trabajo, ni el ahorro, ni el emprendimiento. La UE se convierte en un "cementerio" de oportunidades. El Estado español, se señala, es poco más que una "inmensa máquina burocrática de compra del voto".
La nación, sedada por "bonobuses" y la narrativa de la "ultraderecha", se mantiene en un estado de letargo. El futuro del ciudadano medio, se afirma, no dependerá de su esfuerzo o talento, sino de su capacidad para integrarse en grupos cuyo voto los partidos necesitan comprar: oenegés, sindicatos, jubilados e inmigrantes. Fuera de estos colectivos, el futuro en España se presenta sombrío. La pregunta clave es si el corrimiento a la derecha responde a una demanda de otra política económica o, principalmente, de orden, frontera e identidad. Y si un gobierno de PP y Vox podrá ejecutar el "cambio real" sin romper la coalición social que aún demanda sanidad y pensiones públicas, y qué o quiénes serán sacrificados en ese proceso.
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