Negar la razón exige usar la razón: la falacia que se muerde la cola
Aseverar que «la razón es solo un constructo social» tiene, según sostiene un participante, un problema de fábrica: quien lo afirma está argumentando. Y argumentar implica distinguir lo verdadero de lo falso, preferir una tesis sobre su contraria y apelar a la coherencia. Es la definición de autorrefutación, o contradicción performativa: el enunciado se destruye al pronunciarse, igual que decir «no existo» mientras se habla.
Qué es la contradicción performativa
El análisis desglosa el mecanismo en cuatro movimientos: formular un argumento, separar verdad de falsedad, sostener que la propia tesis es preferible y recurrir a la lógica y a la evidencia. Los cuatro exigen eso mismo que se niega. La conclusión es tajante: para negar la razón hay necesariamente que servirse de ella.
De ahí sale la segunda línea de ataque. Si la razón fuera puro consenso societario, bastaría con cambiar de convención. Frente a eso se sostiene que existe una base biológica y cognitiva —un cerebro que procesa regularidades causales, detecta inconsistencias y actualiza creencias ante nueva información— producto de la selección natural y del desarrollo del sistema nervioso, no de un acuerdo social.
La réplica relativista: todos tenemos razón
La objeción llega por el otro flanco. Toda percepción está sesgada, el sistema de creencias está influido por la historia personal y no se puede abandonar del todo. Somos, en esa lectura, habitantes de una cárcel de conceptos por los que se mata y se hacen guerras. La salida propuesta no es lógica sino espiritual: soltar el conflicto, relativizar y admitir que la única verdad es el silencio interior.
Y ahí se atasca todo. Un bando exige coherencia para rebatir; el otro la declara herramienta del ego. Cuando el desacuerdo es sobre las reglas mismas del juego, no queda terreno común donde zanjarlo. Ni el gato de Schrödinger, invocado en su día por un participante contra el principio de no contradicción aristotélico, ni Aristóteles lo resuelven.