El 10% del sueldo a Israel: la petición que el fact-check desmiente
Un púlpito. Una cita del Deuteronomio. Y una cifra que se repite como un mantra en la América evangélica: el diezmo, ese 10% de los ingresos que la tradición manda entregar. De ahí al ruido público solo hay un paso, y esta vez lo dieron las redes: una asesora espiritual de la Casa Blanca habría pedido a los trabajadores estadounidenses donar el 10% bruto de su salario a Israel. La acusación corrió como la pólvora. La verificación llegó después, y con bastante menos eco.
Qué se atribuye a la asesora y qué sostiene el fact-check
El origen está en un mensaje difundido por la red social X, según el cual la asesora habría pedido destinar el 10% de los ingresos a Israel y se lo habría inventado. Frente a eso, la comprobación de datos que circula sostiene que la mujer se limitó a citar un texto bíblico y que no habló de entregar el diezmo al Estado de Israel, sino de una donación destinada a sus propias obras de caridad.
Dicho de otro modo: el destino del dinero, según esa versión, sería la organización que gestiona la propia asesora, no un ministerio extranjero. La polémica, sin embargo, ya había mutado en algo más grande que la anécdota concreta: el papel de la religión en la primera potencia económica del planeta.
El diezmo: de la tribu de Leví a la recomendación de hoy
La discusión de fondo es una vieja conocida de la historia económica: el diezmo. La tradición bíblica lo destinaba a los sacerdotes levitas, una casta concreta y una función concreta. Aplicarlo hoy a un tercero cualquiera tiene poco de continuidad doctrinal y mucho de interpretación libre.
Hay quien recuerda que las cifras no cuadran del todo: en Estados Unidos, entre impuestos y aportaciones voluntarias, buena parte de los contribuyentes ya entrega bastante más de ese 10%, solo que a Hacienda y no a una fundación. Y hay quien subraya que el diezmo original tenía condiciones que esta petición, tal y como se ha contado, no cumpliría.
La primera enmienda y el gabinete espiritual de la Casa Blanca
El otro eje del asunto es institucional. La creación de un gabinete de asesores espirituales en la Casa Blanca ha reabierto el debate sobre la primera enmienda, la cláusula que obliga al Estado a mantenerse neutral ante todas las creencias. Una corriente de opinión lo considera preocupante por lo que tiene de excepción; otra responde que es lamentable pero que no vulnera la Constitución.
El choque se plantea en términos sencillos: ¿dónde acaba el consejo privado y empieza la recomendación con aura de oficialidad? Cuando el mensaje sale de un despacho con columnas, la frontera se difumina.
El dato que nadie discute
El asunto se ha mezclado, además, con la relación financiera y militar entre Washington y Tel Aviv, y con el papel de España en el mapa: hay quien sostiene que la sumisión a Israel no cambia de color según quién ocupe el Despacho Oval, y quien apunta que los contribuyentes ya financian bastante más que un diezmo en forma de armamento gratuito.
Queda un dato que no admite discusión y sale de la aritmética más simple: Donald Trump nació el 14 de junio de 1946, 700 días antes de que se proclamara el Estado de Israel. El país al que, según el desmentido, no iba dirigida la petición es más joven que el presidente al que asesora su gabinete espiritual.